12 de diciembre 2007 - 00:00

Para amantes de los experimentos

Baroni: un viaje de Sergio Chejfec
"Baroni: un viaje" de Sergio Chejfec
«Baroni: un viaje» de Sergio Chejfec. Buenos Aires, Alfaguara, 2007. 181 págs.

Antes de instalarse en Nueva York, donde vive desde 1995, el escritor argentino Sergio Chejfec residió quince años en Venezuela, y éste es un dato que no se puede eludir al abordar su última novela, por la que circulan diversas figuras y paisajes de ese país.

«Baroni: un viaje» reúne diversos géneros: ensayo, biografía, diario de viaje y hasta teoría del arte, todos ellos subordinados a la subjetividad del narrador. Chejfec analiza el fenómeno de la religiosidad popular como experiencia estética incluyendo una minuciosa reseña de la iconografía de culto realizada por humildes artistas venezolanos. Pero, casi de inmediato se ve arrastrado por el enigma que rodea a la protagonista de esta historia: la famosa tallista, sanadora y «performancera» Rafaela Baroni.

  • Magia

  • La mágica presencia de esta mujer a la que se le atribuyen curas y milagros se enriquece aún más con la minuciosa descripción de sus tallas («el médico santo», «la mujer en la cruz») y también con el relato de algunas experiencias suyas que bordean lo sobrenatural. Según el testimonio de Chejfec, durante su vida, Baroni sufrió varios episodios de catalepsia, que además de darle un trato muy fluido con la muerte inspiraron algunas de sus performances. Según el escritor, la catalepsia le permitió a esta artista «verse a sí misma a través de los ojos de quienes se mantienen vivos, y ofrecer a los vivos la enseñanza de verla muerta».

    La voz del narrador adoptaun tono reflexivo y vacilante, puesto que a Chejfec no le interesa desarrollar una trama, como él mismo ha declarado en varias entrevistas, sino que prefiere construir sus narraciones en base a la asociación libre, al análisis de contenidos y a la descripción de imágenes plásticas y escenas de la vida cotidiana. Se niega a que sus escritos queden fijos o encadenados a un supuesto saber, por eso mantiene un cuidadoso distanciamiento con lo que narra, dando a entender que él mismo desconoce lo que va a escribir a continuación. Sus encuentros con la famosa tallista (y con otros poetas y artistas que circulan por allí), más los reveladores análisis que dedica al enigma de su obra, tienden a conformar un rompecabezas muy movedizo.

    Chejfec trasciende la figura mítica de Baroni para recrear un viaje sin fronteras, en el que arte y vida, superstición y espiritualidad se superponen y desdibujan. Dicha travesía resulta apasionante, siempre y cuando el lector se avenga a compartir las tácticas novelísticas de un autor decidido a experimentar con su prosa.

    Patricia Espinosa

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