Para ser Bergman le falta demasiado

Espectáculos

Cuatro pilares tiene esta obra: Zendaya, actriz, modelo y cantante mulata de marcada expresividad, John David Washington, buen actor, y si gritara menos sería mejor; la Caterpiller House, blanca, modernísima casona ecológica de amplios ventanales sita en Carmel-by-the-Sea, y el húngaro Marcell Rév, valioso director de fotografía afincado en los Estados Unidos. Con la Arricam LT en la mano (liviana, completa, última palabra) el hombre recorre las habitaciones siguiendo a los intérpretes sin ningún problema a lo largo de extensos planos secuencia.

Un toquecito de efectos visuales a cargo de Takashi Takeoka y un buen laboratorio especializado en blanco y negro completan el trabajo y pavimentan el camino de actriz y fotógrafo hacia el próximo Oscar. Puede agregarse el actor, acaso también el director Sam Levinson, pero sólo como director, y no por el guión que escribió, reiterativo, menos profundo de lo que pretende, y encima mostrando en los diálogos su vano resentimiento contra la crítica de “Los Angeles Times” que había desmenuzado su anterior película. De acuerdo con ese guión, todo sucede en la casa de un director de cine y su pareja, desde que vuelven de una première hasta que se cansan de discutir, reconciliarse, volver a discutir, inclusive con la boca llena, hablar mal de los ausentes, dictar sentencias, reconciliarse de nuevo. La verdad, esto ya lo hicieron Tita Merello y Eduardo Rudy en el esquicio “Ídolos de entrecasa”, que era más divertido. Los artistas se lucen, pero la obra se queda corta, porque Sam Levinson no es John Cassavetes, ni menos Ingmar Bergman, aunque se lo haya querido comparar. Y por ahora tampoco se compara con su padre, Barry Levinson, el de “Good Morning, Vietnam”.

“Malcolm & Marie” (EEUU, 2021); Dir.: S. Levinson; Int.: Zendaya, J.D. Washington (Netflix).

Dejá tu comentario