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19 de abril 2007 - 00:00

"Parejas"

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«Parejas» («Trust the Man», EE.UU., 2005, habl. en ingl.). Dir.: B. Freundlich; Int.: B. Crudup, D. Duchovny, M. Gyllenhaal, J. Moore, E. Mendes.

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Hay varias actrices lindas en esta película, aunque lamentablemente apenas tienen unas pocas escenas. Por ejemplo, y sin agotar la lista, Dagmara Dominczyk, como una joven madre dispuesta a divertirse un rato con algún padre después de dejar a los chicos en la escuela; Carolina Schlobohm, que tiene pinta de Schloba; la caribeña Eva Méndes y la veterana Ellen Barkin, en papel de editora personalmente interesada en una novelista joven.

Este último personaje lo encarna Maggie Gyllenhaal («La secretaria»), aquí coprotagonista, buena actriz, linda de veras y muy expresiva, ideal para la comedia. Ella comparte cartel con Julianne Moore, también buena actriz y linda, pero con un defecto: su marido, que ha escrito y dirigido esta especie de soap-opera «indie» en pantalla grande, bastante anodina y sin gracia.

En fin, no todas pueden casarse con un buen comediógrafo. Algo debe percibir el marido, al respecto, porque el gran problema de sus dos personajes protagónicos femeninos es que son dos buenas profesionales enganchadas con dos reverendos gansos, categoría « slackers». Reciben ese nombre, en ciertos lugares cultos de Estados Unidos, los gansos de formación universitaria que, entre otras características, aman perder el tiempo en reflexiones vanas y a poco de verlos revelan tener también gustos medio grasunes. Coherentemente, los actores a cargo de esos papeles parecen ser un hijo insípido de Chevy Chase y un primo muy lejano de Jim Carrey.

Con semejantes tipos, es lógico que los pocos chistes despierten apenas una amable sonrisa. Y que uno se distraiga, por ejemplo, con las dos viejas que aparecen al fondo de una escena al aire libre, mirando hacia los actores que están en primer término. Una de ellas hace por ahí un gesto como quien se da cuenta, «ah, están filmando», y entonces ambas siguen su marcha. Quien no se dio cuenta del detalle es el montajista, o en una de esas lo dejó para que el espectador se entretenga un poco.

También aparece, en tres escenitas, el veterano Bob Balaban, como un terapeuta perseguido por su paciente. Medio irreconocible, ya viejo y sin barba, él hace un buen personaje, pero, curiosamente, no aparece mencionado en los créditos finales. En una de esas, no habrá querido.

P.S.

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