No todas son rosas, algunos envíos dejaron con ganas, pero los interesados no paran de felicitarse, ya que un tercio de Pinamar y alrededores fue al cine, en un mes que el promedio de espectadores no pasa de quince por función. Claro que la entrada era baratísima, y hasta había una promoción con una empresa de transportes para tentar a los públicos de localidades vecinas: el boleto a cambio de la entrada para una de las seis películas del día.
Eso, la programación atractiva, y la buena organización incluso para solucionar rápidamente ciertos imponderables (un parlante inadecuado, la llovizna iniciada apenas una hora antes de la enorme fiesta de clausura al aire libre, etc.) hacen que el festival no deba ser cambiado de público, ni de ciudad, como algún otro que hubo también en diciembre. Aún más: los concejales de ambas bancadas ya le han propuesto al intendente
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