6 de octubre 2016 - 13:03
"Por necesidad, la escritura siempre es exposición"
Lilian Laura Ivachow. (Foto: Cecilia Pallarés)
P.: La tapa del libro, ilustrada por Maia Debowicz, muestra una chica en bikini con un paraguas, lo que es una hermosa contradicción. ¿Pensás que la escritura y tu escritura tienen algo de eso, de exponerse y salvarse a la vez?
LLI: La contradicción atraviesa la voz del narrador en todos los relatos. En el cuento "Mi madre favorita..." hay un mecanismo, la repetición del "o quizás" que marca las dudas internas del personaje. Justamente durante la presentación, Cecilia Antúnez, una de las editoras literarias, marcó estas contradicciones de los narradores entre lo que dicen y lo que hacen, entre lo que quieren ser y lo que son. Pienso que la escritura es necesariamente exposición, por más máscaras que se utilicen. Lo de la salvación dependerá de la propuesta de cada autor, en estos casos existe, pero cuando las cosas tienden a acomodarse siento que el texto deja una grieta para que se vuelvan a resquebrajar. Pienso en el cuento "¿Quién será Érica?" donde la redención se da en un plano imaginario.
P.: Tus personajes tienen una impronta kitsch nostálgica e imagino que disfrutas del kitsch ¿Cómo convivió ese gusto con tu formación y qué te decían tus pares?
LLI: Disfruto del kitsch, me acompañó desde siempre, desde que desconocía el término porque no lo necesitaba. De hecho, una amiga que leyó el libro me habló del "existencialismo kitsch". Esa idea me encantó, me hizo pensar en qué medida esa impronta kitsch iluminó zonas que van más allá del buen o del mal gusto. Con todo, reconozco que en algunas épocas tuve prejuicios. Me acuerdo que cuando estudiaba Letras decidí no tener televisión porque la TV me quitaba tiempo para leer. Luego me involucré demasiado con los medios audiovisuales. A los veinte años uno es tremendamente inexperto y a la vez creído. Es más fácil sentirse omnipotente cuando hay más energía vital. Y en cuanto a mis pares, les ha sorprendido y divertido encontrarme hablando de kitsch con naturalidad. Muchos están bastante cerca de esta sensibilidad. A veces algunos me han hecho sentir una distancia, la respeto. Por suerte nadie se escandalizó. Mejor así, sería triste hacer cosas para provocar o escandalizar a la gente.
P.: En tus relatos el amor aparece como revelación, siempre ¿Te propusiste hablar de amor? Además, protagonistas con formación académica se enamoran de una profesora de boxeo o de una figura de los '80. ¿Pensás que el amor rompe las fronteras de la intelectualidad?
LLI: No me propuse hablar del amor sino de obsesiones, fanatismos y nostalgias distorsivas que son, a mi juicio, formas erróneas del amor. Del amor no me siente capacitada para hablar, al menos hoy. Pienso que los enamoramientos, más que el amor, rompen todo tipos de fronteras. Esto es algo que la tradición hollywoodense y las telenovelas entendieron bien. Lo diferente enamora y libera, puede que nos libere del peso de ser nosotros mismos. "Los apolíneos suspiran por los dionisíacos" dijo Antonio Gala en el programa "El perro verde" una vez.
P.: En el cuento "Los paracaidistas", la protagonista se debate si sigue siendo poeta años después de haber escrito un poema. Vos también hiciste un libro de poemas. ¿Te paso un poco lo de la protagonista?
LLI: Me ocurrió en tanto que conocí grupos en los que se ponderaba demasiado el "ser poeta" y "ser artista" y en los que sus integrantes se sentían víctimas del olvido y de la poca difusión. Como la protagonista de "Los paracaidistas" me alejé hacia el fin de siglo de la ciudad y de sus núcleos culturales. Ahí me impactó el valor que se les otorga a determinadas identidades, sobre todo porque en el 2001 vi como muchos de los vecinos de mi barrio de origen que habían tenido una zapatería o que trabajaban en fábricas o empresas de pronto se quedaban sin trabajo y tenían que salir a manejar un remís. De repente "el zapatero" era remisero. Esto era algo difícil de asimilar, y ahí me pregunté si seguía siendo poeta.
P.: ¿Cuándo te sentiste escritora definitivamente?
LLI: Como te decía, viví esta identidad de manera fluctuante. Desde siempre escribí y sentí el aliento y el reconocimiento de personas más o menos especializadas. En algún momento me creí escritora, pero como comencé a publicar bastante tarde y nunca fui prolífica me costó sostener esa creencia. Luego el ejercicio sistemático del periodismo me hizo reconocer un estilo, algo así como una voz propia que a veces se filtraba sobre el objeto de análisis. Hoy día me identifico con las ideas de Hebe Uhart, ella dice que siempre se le pregunta a los escritores en qué lugar de la casa les gusta escribir y deberían preguntarles si así pagan las cuentas. Es en este sentido que considero a la escritura un trabajo, un trabajo apasionante pero a la vez arduo y difícil.
*Lilian Laura Ivanchow es autora del poemario Mi chica de cristal (Ediciones Mala Semilla) y Mi madre favorita tiene bíceps (Ediciones la mariposa y la iguana). En cine codirigió el documental sobre David Kohon Una galería de espejos y el largometraje de ficción Pablo y Virginia van a Luján.


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