25 de enero 2006 - 00:00

"Quise recordar lo que hoy es un anacronismo"

Medio siglodespués,DominiqueLapierre utilizasu aventura dejovenperiodista de«Paris Match»por la URSSde Kruschevpara recordarcómo era laRusiasoviética.
Medio siglo después, Dominique Lapierre utiliza su aventura de joven periodista de «Paris Match» por la URSS de Kruschev para recordar cómo era la Rusia soviética.
En 1956 el joven redactor de la revista Paris Macht Dominique Lapierre se adentró en la URSS inescrutable de Kruschev acompañado por un fotógrafo y las mujeres de ambos para realizar un histórico reportaje sobre la vida al otro lado de la Cortina de Hierro. Cincuenta años después, Dominique Lapierre ha recuperado aquella aventura en «Érase una vez la URSS», libro que acaba de ser publicado en España. Lo que no sabía el intrépido redactor es que el destino le tenía reservado un papel en la historia: fue cuando llegó la India, el éxito de La ciudad de la alegría y descubrió cómo la escritura puede curar la tuberculosis.

Periodista
: Han pasado 50 años desde aquel viaje a la URSS. ¿Por qué se ha hecho esperar tanto la «novelización» de aquella aventura?

Dominique Lapierre: Porque lo que fue hace 50 años un reportaje periodístico se ha convertido, después de medio siglo, en un libro de historia.

P.:
Acostumbra a trabajar en colaboración con otros autores como Javier Moro o Larry Collins. ¿Esta historia imponía ser escrita desde la soledad de su propio recuerdo?

D.L.: El compañero de aquella fantástica aventura, Jean-Pierre Pedrazzini, fue asesinado durante la Revolución de Budapest. El periodista soviético, Slava Petrukhov, que nos acompañó durante el viaje está muerto. Yo soy el último que podía recordar aquella aventura.


P.:
¿Qué fue lo que más le sorprendió de aquel viaje?

D.L.: Descubrir un pueblo privado de libertad, al cual el régimen comunista le había hecho creer que era el más feliz del mundo.


P.:
Nunca se plantearon si les gustaba el régimen ruso. ¿Sigue manteniendo ese « distanciamiento» antes de realizar un reportaje?

D.L.: Un periodista debe abordar un reportaje sin una idea preconcebida. Yo quería ser ante todo el testigo objetivo del descubrimiento de un país donde nadie había podido realizar lo que yo quería hacer allí.


P.:
Alguien que conoció la URSS de Kruschev, ¿cómo ve la Rusia de Putin?

D.L.: No conozco la Rusia de Putin. Pero con las lecturas que he hecho, el aprendizaje de la libertad es una aventura difícil para mucha gente habituada a vivir en un sistema que organizaba su vida desde su nacimiento hasta su muerte.


P.:
¿Tiene noticias de las cinco personas que eligieron para su reportaje?

D.L.: He recibido novedadesindirectas del cirujano de Tiflis que recuerda siempre con emoción nuestro encuentro de hace 50 años. Hoy está jubilado. Pero él no añora el tiempo en el que Stalin reinaba sobre el imperio soviético.


• Infortunio

P.: ¿Tiene sentido hoy en día el comunismo como forma de gobierno?

D.L.: La evolución de los pueblos va hacia la libertad. Quise recordar lo que hoy es un anacronismo que sólo los regímenes al límite de las naciones civilizadas como Corea del Norte o Cuba pueden imponer a sus desafortunados ciudadanos.


P.:
¿Qué lecciones de periodismo aprendió en este viaje?

D.L.: Aprendí que no existeningún tema sobre esta tierra que los periodistas honestos más decididos no puedan abordar.


P.:
Las balas de los carros de Kruschev, aquél que les abrió el paso a la URSS, fueron las que mataron a su compañero Jean-Pierre. ¿Qué interpretación hace de eso?

D.L.: Que los regímenes de tiranos son capaces de cometer las peores atrocidades.


P.:
¿En qué otro país le gustaría realizar una aventura parecida? ¿Se atrevería con el Irán de los talibanes?

D.L.: En China. Seguro que no en el Irán integrista de los ayatolás.


P.:
¿El éxito de su libro «La ciudad de la alegría» supuso un antes y un después en la vida y la escritura de Lapierre?

D.L.: Al escribir «La ciudad de la alegría» comprendí que un escritor de éxito puede ser más que un testimonio un actor susceptible de cambiar las condiciones de vida de los hombres más desgraciados de nuestro mundo.


P.:
¿Escribe para cambiar el mundo?

D.L.: Escribo con la aspiración de que mis libros podrán aportar un poco de amor y de justicia a los hombres más desheredados de nuestro planeta.


P.:
La India es una referencia en su obra y en su vida. ¿Qué encuentra allí?

D.L.: La posibilidad de concretar mi deseo de aportar un poco de generosidad a los más desfavorecidos. He descubierto a los 50 años que podía transformar la vida de las personas que describía en mis libros. Y comprender el mensaje de la Madre Teresa.


P.:
¿Qué labores realiza la ONG que usted mismo fundó en Bengala?

D.L.: He podido, gracias a mis derechos de autor, curar a un millón de tuberculosos, sacar a nueve mil niños de la miseria de los suburbios de Calcuta, construir 540 pozos de agua potable y fletar cuatro barcos sanitarios para atender a las poblaciones abandonadas de las islas del delta del Ganges.


P.:
Usted ha pasado del periodismo a una escritura más personal y al compromiso con las causas en las que cree. ¿Qué ha marcado esas transiciones?

D.L.: Creo que el hombre tiene la capacidad de ser siempre más grande y más fuerte que la adversidad.


P.:
¿Se ha impuesto como objetivo de su escritura dar voz y protagonismo a los héroes anónimos?

D.L.: Sí. Siempre he pensado que cualquier persona tenía que poder ser un héroe anónimo de la historia de nuestro tiempo.


P.:
¿Qué le hace no desesperar nunca?

D.L.: Espero tener la fuerza para defender nuevas causas al servicio del amor y de la justicia hasta mis últimos días. Todavía tengo muchos proyectos. Sobre todo querría aplicar a mi propia vida esta magnífica filosofía que he aprendido en los suburbios de Calcuta y que dice: «todo lo que no se da está perdido».

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