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20 de agosto 2024 - 14:30

Renato Cisneros: sobre las guerras que no tienen fin

Diálogo con el celebrado novelista peruano que acaba de publicar "El mundo que vimos arder", una ficción sobre un piloto que participó del bombardeo a Hamburgo durante la Segunda Guerra

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Renato Cisneros, autor de la novela "El mundo que vimos arder"

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Pasiones, guerras, migraciones y desarraigos se entrecruzan de manera atrapante en “El mundo que vimos arder” (Alfaguara), nueva novela de Renato Cisneros, consagrado escritor peruano radicado en España. En su visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué mundo ve arder un piloto peruano que desde un Boeing B-17 bombardea Hamburgo en la Segunda Guerra Mundial y un periodista que ahora decide radicarse en Madrid?

Renato Cisneros: Lo que ve arder Matías, desde un avión de guerra de los Estados Unidos, es Hamburgo, ciudad que había soñado conocer. El que ve arder el narrador de la historia es su mundo luego de su divorcio y de un regreso al Perú que le hizo darse cuenta de que ya no tiene nada en común ni con su familia ni con sus amigos por la intensa polarización política.

P.: ¿Hay alguna resonancia con la actualidad?

R.C.: Ver el mundo arder lo están viendo ahora mismo muchas sociedades, muchos países, donde crece un sentimiento de estar viviendo el fin de algo. Ochenta años después de la Segunda Guerra Mundial se habla como algo normal de Palestina, Gaza, Ucrania, refugios antiaéreos, éxodos, civiles desguarnecidos, panfletos que caen del cielo avisando a la población que van a caer bombas. El historiador Will Durant y su esposa Ariel señalan en su “Historia de la civilización” que en 3500 años de la humanidad solo en unos 500 no hubo conflictos bélicos.

P.: ¿Es real la historia del peruano que bombardeó la Alemania nazi?

R.C.: Hace unos diez años escribí “El bombardeo sentimental”, nota periodística sobre un muchacho peruano que se fue a Estados Unidos para ganar dinero y poder viajar a Hamburgo a conocer a su familia materna con la que a través de cartas se había relacionado sentimentalmente. En realidad, lo que Matías quiere, por sobre todas las cosas, es huir de la violencia de su padre, y dejar atrás a Trujillo, su ciudad, que siente muy pequeña. Matías existió, pero por más que investigué no pude rastrear su vida. Me interesó la encrucijada moral que debió enfrentar en el momento en que le ordenaron bombardear la ciudad de sus parientes, a tal punto que me decidí a recrear su historia.

P.: ¿Qué lo llevó a contar dos temas permanentes y cruciales como las migraciones y las guerras?

R.C.: Todos los personajes de “El mundo que vimos arder” son migrantes, y los que no lo son tienen una experiencia migratoria a sus espaldas, padres, abuelos, bisabuelos. Vale la pena preguntarse cuántas migraciones hay en la genealogía de uno. La respuesta nos inmuniza de la tentación del prejuicio xenofóbico. Hoy hay dos tensiones en conflicto constate, la migratoria de instalarse en lugar que se considera mejor y la nacionalista que busca cerrar las fronteras. Muchas guerras se llevan a cabo en defensa del territorio, o en interés de su expansión, y quienes las protagonizan no son quienes las deciden. Paul Valery escribió que “las guerras son ese lugar donde jóvenes que no se conocen ni se odian se masacran siguiendo órdenes de viejos que sí se conocen y se odian, pero no se masacran”.

P.: ¿Qué conclusiones ofrece hoy la masacre de Hamburgo?

R.C.: Escribiendo la novela confirmé que la guerra no tiene vencedores, solamente tiene vencidos, y que nuestra educación, en cuanto a defender bienes genuinos, está repleta de taras, prejuicios y reduccionismos peligrosos. Es muy obvio que los alemanes nazis eran los malos y los Aliados los buenos, pero eso empieza a cambiar cuando se conoce en detalle cómo fue la “Operación Gomorra”, el bombardeo más brutal que sufrió Alemania. Por lo común se habla del bombardeo de Dresde porque fue casi al final de la guerra, no era un objetivo militar y era una ciudad hermosa que fue destruida. Pero la violencia más mortífera fue sobre Hamburgo, el Hiroshima europeo, donde la mayoría de los alemanes intentaron resistir a la locura del Tercer Reich, y aun los arrastrados por ese proyecto demente, vieron en los humillantes bombardeos Aliados la única posibilidad de que Hitler fuera destruido. No todos los alemanes eran malos en sí mismos, y del otro lado tenemos otro tanto, si bien liberaron del nazismo y del fascismo, entremedio cometieron crímenes de guerra que no han estado en capacidad de reconocer.

P.: ¿Con los grupos migrantes buscó poner en evidencia los actuales cambios de ideas como la sobre la patria?

R.C.: La patria era un concepto muy sólido y se ha ido convirtiendo en líquido. Las nuevas generaciones no se relacionan con la patria como antes. Es uno de los paradigmas que ha cambiado, sobre el que antes no había discusión y hoy, como la idea de democracia, de familia, de libertad, están en permanente revisión.

P.: ¿Las redes sociales tienen que ver con eso?

R.C.: Lo que hacen es exacerbar la violencia verbal. Coincido absolutamente con la poeta Alda Merini cuando dice “me gusta quien escoge con cuidado las palabras que no dice” y luego agrega “una paz sin derrotados es una verdadera victoria”. El gesto audaz que corresponde a nuestra generación es elegir las palabras que no hay que decir, sin por eso dejar de llamar al criminal, criminal, y al corrupto, corrupto. Crep que estos son buenos tiempos para la literatura. Los libros son el único lugar donde se puede dialogar de verdad, para empezar, con uno mismo.

P.: hace un elogio de la conversación en la charla entre el periodista que regresa a Madrid y el taxista que lo lleva, que es otro inmigrante peruano.

R.C.: Me importaba que a cada momento del relato ocurrieran cosas interesantes como lo que sucede cuando dos personas se sientan a conversar de verdad. En la conversación Antonio, el taxista, le cuenta al pasar una historia que al periodista le interesa contársela a otros, la de otro peruano, uno que actuó de un modo que lo trastornó en la Segunda Guerra. Es que cuando dos personas deponen sus ideologías y conversan el saldo no puede ser otro que positivo.

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