Aunque con menos despliegue y entretenimiento que
«Shrek» y «Madagascar» (de los mismos creadores), «Vecinos
invasores» plantea varios temas de discusión para
niños inteligentes.
«Vecinos invasores» (Over the Hedge, EE.UU., 2006, dobl. al español). Dir.: T. Johnson y K. Kirkpatrick. Dibujos animados.
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De los creadores de «Shrek» y «Madagascar», pero sin la belleza y emoción del primero, ni el despliegue del segundo, llega esta pequeña fábula contemporánea sobre animalitos del bosque obligados a sufrir una urbanización que ha invadido parte de su territorio, y a la que ellos, a su vez, invaden guiados por un falso líder.
Esto último es, lógicamente, la parte novelesca del relato, que tiene su base en un hecho ya habitual en varias poblaciones de América del Norte, surgidas a costa de las reservas naturales. Allí hasta los osos rondan por los jardines y tachos de basura buscando el alimento que ha em0pezado a escasear en la parte que los humanos les dejaron de bosque. Además, la novedad siempre es tentadora, y ellos le van tomando el gusto a las pizzas, galletitas, y demás variedades de nuestro menú. Son cosas que pasan.
En esta fábula, guiados por un mapache hipócrita que enseña a los demás recolectores el camino de la tentación (el típico malo simpático que luego se redime) y una tortuga bien vermente, de que intenta mantener el criterio conservador y sufre la crisis de liderazgo, varios animalitos terminarán enfrentando a unos seres terribles. De un lado, un oso depredador. Del otro, un exterminador de plagas y una mujer histérica que llega a enfrentar a un policía dándole un cabezazo a lo Zidane. Aunque de factura menor y relativo entretenimiento, el cuento abre las puertas a varios temas de discusión para niños inteligentes. Por ejemplo, desaparición de la naturaleza, cambios de alimentación, cambios de mística (la heladera toda iluminada, vista desde abajo como un gran templo de riquezas materiales), convivencia entre especies distintas, concepto de familia, sociedad de consumo, mentalidad depredadora de los humanos, etcétera.
A propósito, hay un detalle a tener en cuenta. Como es sabido, el cine hollywoodense se adscribió a una cruzada contra el cigarrillo, y hoy sólo los malos fuman en las películas. Bien, parece que ahora empieza a despegarse paulatinamente de su relación con la comida chatarra, próxima víctima de una nueva campaña purificadora. Por lo pronto, aquí, en vez de cajitas felices, una ardilla termina dejando de lado la comida envasada y vuelve a su tronco de árbol feliz, lleno de bellotas naturales sin conservadores artificiales ni colorantes permitidos. Así se empieza.
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