La acción (término que en este caso resulta gracioso) se desarrolla en un Montevideo descolorido, fondo ideal para la vida también descolorida de los referidos personajes: don Ambos fabrican medias, y se juntan sólo para brindarle unas discretas honras fúnebres a la madre, ya fallecida hace largo tiempo, ceremonia que apenas parece ser de su incumbencia. Después, como hace tanto que no se ven, es natural -u obligatorio- que el otro se quede unos días de visita.
Precisamente, ahí viene el nudo. De pronto, seguramente para disimular un poco ante el otro que tiene familia, don
El hermano en eso es más vivo. Pero a él, la única vez que lo vemos con algo de atención y de nervio, es cuando se queja del árbitro en un partido de cuarta. No lo vemos festejando un gol. No sería coherente con el tono de la película, que es una comedia triste, de caracteres limitados más que de situaciones risueñas, una comedia armada con buenas observaciones y especial manejo del tiempo en un estilo levemente humorístico, muy sutil, como en sordina.
En el recuerdo quedan las muy justas caracterizaciones, sobre todo de
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