7 de noviembre 2008 - 00:00
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Alejandra Martín: «Se puede hablar de jazz argentino en las
fusiones con tango y folklore. Creo que forma y modifica el
lugar donde uno se educa».
A.M.: Y, sí, lo sigue siendo. Es muy notable, porque hay muchísimo sucediendo en tantos otros lugares, pero hay algo con Nueva York que hace que en Europa, donde tienen una historia jazzística muy rica, les paguen más a los músicos porque vienen de allí. No sé si tiene una explicación más lógica, pero es así. Los lugares míticos para tocar están ahí, quizá eso tenga algo que ver. Nueva York se siente como la cuna.
P.: ¿Subsiste la división entre «tradicionalistas y renovadores», «jóvenes y viejos», «compositores e intérpretes de standards»?
A.M.: Divisiones, sí las hay, pero no son algo tan importante, todo el mundo tiene su lugar, la música es infinitamente generosa. Y lo importante es que la música sea buena. De hecho, ahora hay muchísimos músicos mayores tocando con los más jóvenes en fusiones muy enriquecedoras. En los setenta, Giacobbe y Spinetta tocandojuntos eran una rareza; ahora nadie se sorprendería.
P.: ¿Influyó en su manera de hacer jazz el tiempo vivido fuera del país?
A.M.: Seguramente, sí. Vivir afuera me abrió un poco los ojos en cuanto a experimentar. Yo había hecho algunas cosas con el tango, pero siempre muy tradicionales, y estando en España empecé a sentir que necesitaba expresar algo con más identidad propia que los « standards» que estaba cantando. Tampoco era una tanguera pero quise buscar algo que me permitiera fusionar el jazz con mi esencia argentina. Además, también quería probar algunas cosas con el folklore, y la única manera que me lo imaginaba posible era con un armado jazzístico.
P.: ¿Diría que existe un jazz argentino?
A.M.: Quizá se pueda hablar de jazz argentino con respecto a las fusiones con tango y folklore. Creo que forma y modifica el lugar donde uno se educa; en eso estaría la diferencia.
P.: Los «standards» suelen formar parte fundamental de su repertorio. ¿Qué la lleva a elegirlos por sobre otras composiciones?
A.M.: En primer lugar, porque son temas bellísimos, que generalmente me llegan antes por las melodías que por las letras. Tengo largas épocas en que lo único que me emociona son las baladas, después me meto más con temas de swing y en este momento estoy entre eso y las fusiones con otras músicas.
P.: ¿Es real esa idea de que los cantantes ocupan un lugar menos destacado en la escena del jazz que otros músicos?
A.M.: No lo he vivido personalmente. Y no lo creo. Me parece que cuando estás concentradohaciendo lo tuyo, no te parás a pensar en eso. Y cuando te parás, ya perdiste el tren.
P.: ¿En qué ha estado trabajando en los últimos tiempos?
A.M.: Acabo de llegar de una gira de dos meses y medio por Suiza, Austria, un poquito de Alemania y España. La terminé con una semana en Madrid, en el Café Central, donde voy ya desde hace cinco años. Ahí actuamos con Mariano Díaz en piano, Víctor Merlo -el bajista de Serrat- en contrabajo y Luis Cerávolo en batería. Antes de eso hice algunas actuaciones acá, con mi trío y con el grupo Cuatro & 4, y ahora también con el sexteto, que formó Cerávolo este año, y que me lleva de instrumento (voz, sí). Y siempre estoy haciendo algunas grabaciones.
P.: ¿Cómo serán sus dos conciertos en Jazz Voyeur?
A.M.: Vamos a estar con Manuel Ochoa en piano, Juan Pablo Navarro en contrabajo y Luis Cerávolo en batería, y haré lo que vengo de hacer afuera: «standards» y algunas versiones de clásicos de folklore y tango. «Malena», «La Pomeña», «Where Do You Start» o «My funny Valentine» son temas a los que les damos nuestro tratamiento personal. Pero en esta cosa del «crossover», también estamos con algunos temas pop, por ejemplo algo de Stevie Wonder, de Gino Vanelli y de Los Beatles. Bastante mezclado, pero siempre desde mi lugar de cantante de jazz.
Entrevista de Ricardo Salton



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