Zuaza Gil: nadie puede resistirse al poder de un gato

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“Los perros son para políticos y guerreros, los gatos para artistas y escritores”, indicó el etólogo Konrad Lorenz. En la cumbre de los miles de devocionarios de los felinos hogareños existentes brilla “El libro de los gatos habilidosos del viejo Zarigueya”, del poeta T. S. Eliot, que se convirtió en el musical “Cats”. Divinos o demoníacos, los gatos, dueños de todos los oximorones posibles, no han dejado de sumar adoradores por el planeta desde aquel momento remoto en que aceptaron dejarse querer por los humanos. Osvaldo Soriano sentenció que “un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”, y sostuvo que fue su gato Vení quien le dictó el cierre de “Triste, solitario y final”. Esa devoción no ha dejado de esparcirse. Beppo, blanco y byroniano, hizo los placeres de Borges. Franela, gris francés, dedicó su vida a posar de mil maneras para el fotógrafo Cortázar. Chicho, gordo y negro, corría al encuentro de Arlt cuando lo veía entrar a la redacción de El Mundo, lo acompañaba hasta su escritorio y se dormía a sus pies. Esto solo para empezar por los gigantes, después están los muchos otros que tienen ronroneos, acrobacias y caricias peludas para contar. Por dar un caso, Soriano contaba que uno de sus gatos se sentaba en un manuscrito cuando estaba terminado y lo empujaba al suelo cuando debía revisarlo.

Pedro Zuazua Gil, filólogo ovetense, exdirector de comunicación de El País y actual de Prisa Noticias, se enorgullecía de ser militante del grupo de Resistencia Gatuna de Madrid. Frente al acoso de sus amigas evangelistas de la distribución de gatos por hogares de la ciudad, respondía “en mi casa no entra un gato, y punto”. Hasta que, un poco porque no y un poco porque sí, entró en su departamento Mía, una gatita bicolor, blanca y más naranja que parda. Y la inicial curiosidad por el mundo felino lo fue llevando a cambiar de vida y de forma de pensar. El anotar sus descubrimientos lo arrastró a escribir una especie de “diario de la adopción de un gato”, que tiene un poco de tratado de cómo manejar con eficacia esa cuestión, pero disolviendo felizmente cualquier torpe magisterio en constantes dosis de humor. Los detalles de las manías, costumbres arrebatos, desastres y shows de Mía, pueden dar paso a hablar de los juguetes de esa niña o los gatos en la historia, en la literatura, en el cine y por qué en música los gatos son los Rolling Stones, entre montones de aspectos diversos. Si el 56 por ciento de la población mundial, y fundamentalmente la de las urbes, tiene mascotas, el 23 por ciento de los que conviven con una gata (o gato) son fanáticos, de una apasionamiento tal que le permiten que haga lo que le da la gana, cuando le da la gana y de la forma que le da la gana. La empatía que provoca, la gracia que hilvana el libro de Zuazua lo convirtió en best seller internacional, hizo de Mía una influencer con miles de seguidores en Instagram y Facebook.

= “En mi casa no entra un gato. Diario de un gatuno primerizo”. Pedro Zuazua Gil. (Barcelona- Bs. As., Duomo ediciones, 2020, 267 págs.).

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