El economista Salvador Di Stefano destacó que "la devaluación del oficial se proyecta para marzo, pasa el tiempo y se corren la devaluación, seguimos peor", al evaluar la estrategia devaluatoria del Banco Central de la República Argentina (BCRA)
El economista Salvador Di Stefano destacó que "la devaluación del oficial se proyecta para marzo, pasa el tiempo y se corren la devaluación, seguimos peor", al evaluar la estrategia devaluatoria del Banco Central de la República Argentina (BCRA)
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Para Di Stefano, de febrero a marzo la tasa anualizada de posiciones del dólar futuro pasará del 48,7% al 52,8%, a un ritmo de casi 4 puntos. Luego, durante en lo que resta del año, el indicador se mantendrá por encima del 50%.
En una nota publicada en Ámbito, Di Stéfano consideró que el tipo de cambio, las tarifas y la tasa de interés están atrasadas, es necesario un rápido ajuste de variables para poder armonizar un escenario de crecimiento económico. El acuerdo con el FMI es una anécdota al lado del restyling que necesita el plan económico.
El escenario 2022 luce muy parecido al año 2018, con lo cual podríamos adelantar que estará influenciado por la sequía, falta de crédito externo y alto déficit fiscal. El gobierno debería trabajar para evitar este escenario, de lo contrario tendrá dificultad para ganar las próximas elecciones.
La Argentina tiene un problema sin resolver, el crónico déficit fiscal, mientras no logre financiarlo de forma genuina, sea con mayores ingresos fiscales o con crédito interno/externo, el financiamiento se hará vía emisión monetaria y esto nos llevará invariablemente a un escenario de inflación más devaluación.
El dólar oficial sigue reprimido, en los últimos 12 meses subió el 24,1%, mientras que la inflación se ubica en el 52,1% anual, están pisando el tipo de cambio para que la suba no se traduzca en mayor inflación.
El gobierno tiene restricciones políticas, sabe que un aumento de los servicios públicos puede despertar movilizaciones en la población. En los últimos 12 meses, los subsidios pasaron de representar un 10,7% a un 15,0% en el gasto corriente, mientras que las prestaciones sociales perdieron participación desde el 65,5% al 59,1%. Dicho en otros números, las prestaciones sociales subieron el 28,9% y los subsidios económicos el 100,8% en los últimos 12 meses.
En este escenario, tenemos inflación reprimida, el dólar oficial no vale lo que tendría que valer, las tarifas tampoco, si todo se alinearía a un valor real, estaríamos hablando de otra inflación, caída del nivel de actividad, baja del poder adquisitivo y una profundización de la crisis en lo inmediato. Si siguen estirando la decisión de aumentar las tarifas y el tipo de cambio, la economía languidece, tendremos los mismos resultados que ajustar en un solo acto, pero tardaremos más tiempo en vivirlo.
La actividad económica comienza a mostrar una fuerte desaceleración, el Estimador Mensual de Actividad Económica está desacelerando su crecimiento, algo parecido sucede con la capacidad instalada y el índice de producción industrial.
Las ventas han disminuido, ya no se despacha como hace unos meses atrás, vender implica dar plazos y acomodar los precios con bonificaciones, las empresas van perdiendo rentabilidad, comienzan los problemas de liquidez, hay mucho dinero en la calle y poco en las empresas. Los bancos están viendo este proceso, ya no son tan resolutivos para dar financiamiento a tasas negativas contra la inflación, comienzan a llevar con rienda corta la liquidez, se vienen meses de menos financiamiento y a tasas más elevadas.
El gobierno tiene que acordar con el FMI, eso no está en la mesa de discusión, aquí y ahora el problema es otro, qué medidas se tienen que tomar para acordar con el organismo y qué impacto tendrán en la vida económica.
Conclusión