También busca visibilizar las dificultades que enfrentan los pacientes desde el momento de su detección y pueden generar secuelas físicas, cognitivas y emocionales que impactan tanto en la persona afectada como en su entorno familiar.
"Hay una injusticia menos visible: la de volver a exponerse a una sociedad que aún carga al cáncer de estigmas, especialmente cuando afecta al cerebro”, advierte la Dra. Alejandra Álvarez Bernárdez sobre la reinserción a la comunidad a Infobae.
La fecha, además, promueve la necesidad de garantizar un acceso equitativo a estudios de alta complejidad, centros especializados y equipos interdisciplinarios, aspectos determinantes para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
"El mejor cuidado solo es posible cuando se trabaja en conjunto, y ningún paciente debería enfrentar su enfermedad dependiendo del lugar donde le tocó atenderse”, explica la oncóloga clínica especialista en neurooncología.
La importancia de la jornada queda reflejada en las cifras: de acuerdo con datos del Instituto Nacional del Cáncer (INC), en Argentina se diagnostican alrededor de casos de tumores del encéfalo y del sistema nervioso central cada año, lo que representa un promedio cercano a cinco diagnósticos diarios.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se registran cerca de 300.000 episodios de tumores cerebrales y del sistema nervioso central. Aunque representan aproximadamente el 2% de todos los cánceres diagnosticados, constituyen la principal causa de muerte por cáncer en personas menores de 39 años.
Según datos difundidos por la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI), los tumores cerebrales son la segunda forma de cáncer más frecuente en niños y adolescentes. La incidencia estimada es de 2,3 casos por cada 100.000 menores de 15 años.
¿Qué es un tumor cerebral y cuántos tipos existen?
De acuerdo con Mayo Clinic, un tumor cerebral es una masa o crecimiento anormal de células que se desarrolla en el cerebro o en estructuras cercanas, como los nervios, las meninges, la glándula pituitaria o la glándula pineal. Estas comienzan a multiplicarse de manera descontrolada y forman una lesión que puede interferir con el funcionamiento normal del sistema nervioso.
Se clasifican en dos grandes grupos. Por un lado, están los primarios, que se originan directamente en el cerebro o en tejidos cercanos. Por otro, los secundarios o metastásicos, que aparecen cuando un cáncer desarrollado en otra parte del cuerpo se disemina hacia tejido cerebral.
A su vez, pueden ser benignos o malignos. Los benignos suelen crecer lentamente y, aunque no son cancerosos, pueden generar complicaciones importantes debido a la presión que ejercen sobre estructuras cerebrales sensibles. Los malignos, en cambio, tienen capacidad de crecimiento rápido e invasión de órganos cercanos.
Existen más de cien tipos diferentes de tumores cerebrales, que dependen del tipo de células que lo forman. Entre los más frecuentes se encuentran:
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Gliomas: se originan en las células gliales, encargadas de sostener y proteger las neuronas. Dentro de este grupo se encuentran los astrocitomas, oligodendrogliomas, ependimomas y glioblastomas.
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Glioblastoma: es el tumor cerebral maligno primario más frecuente y uno de los más agresivos debido a su rápido crecimiento.
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Meningiomas: nacen en las meninges, las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. En la mayoría de los casos son benignos.
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Schwannomas o neurinomas del acústico: se desarrollan en los nervios que conectan el oído interno con el cerebro y generalmente presentan un crecimiento lento.
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Tumores hipofisarios: afectan la glándula pituitaria y pueden alterar la producción hormonal.
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Meduloblastomas: son más frecuentes en niños y suelen desarrollarse en el cerebelo.
La OMS los clasifica en grados que van del 1 al 4 según su comportamiento biológico, siendo estos últimos los que presentan una mayor agresividad y requieren tratamientos más complejos.
¿Cómo detectar un tumor cerebral a tiempo?
La detección temprana puede marcar una diferencia en las posibilidades de recuperación. Aunque no existe un síntoma exclusivo que indique la presencia de un tumor cerebral, hay determinadas señales que requieren atención, especialmente cuando aparecen de manera persistente o progresiva.
Una son los dolores de cabeza. Los especialistas recomiendan prestar atención cuando el dolor aparece con mayor frecuencia, es más intenso por las mañanas o se acompaña de otros signos neurológicos.
“La clave no es el dolor de cabeza aislado, sino el cambio de patrón”, apunta el Dr. Alejandro Andersson, médico neurólogo, a Infobae, y agrega: “Lo que enciende la alerta es la persistencia, la progresión o la combinación de varios síntomas”
También pueden presentarse convulsiones en personas sin antecedentes previos, problemas de visión (visión doble o pérdida parcial del campo visual), alteraciones del equilibrio y la coordinación, debilidad o pérdida de sensibilidad en brazos o piernas, dificultades para hablar y problemas de memoria y concentración.
Se pueden sumar mareos persistentes, náuseas y vómitos sin causa aparente, y somnolencia excesiva o fatiga constante.
Ante su presencia, los especialistas recomiendan realizar una consulta médica lo antes posible. El diagnóstico suele incluir una evaluación neurológica completa y estudios por imágenes como la resonancia magnética.
En algunos casos también se utilizan tomografías computadas, estudios funcionales y biopsias para determinar sus características exactas. Actualmente, los análisis moleculares y genéticos permiten identificar alteraciones específicas que ayudan a definir el tratamiento más adecuado para cada paciente.
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Tratamientos actuales para los tumores cerebrales
El tratamiento de un tumor cerebral depende de múltiples factores, como el tipo de tumor, ubicación, grado y edad del paciente, por lo que el abordaje suele realizarse mediante equipos multidisciplinarios integrados por neurocirujanos, neurólogos, oncólogos clínicos, especialistas en radioterapia, neurorradiólogos, psicólogos y profesionales de rehabilitación.
La cirugía continúa siendo uno de los tratamientos más utilizados. Cuando es posible, los especialistas intentan extirpar completamente el tumor. Sin embargo, debido a que algunas lesiones se encuentran cerca de áreas cerebrales críticas, en ciertos casos solo puede realizarse una resección parcial para disminuir su tamaño y aliviar los síntomas.
La radioterapia es otra herramienta fundamental. Mediante el uso de radiación de alta precisión se busca destruir células tumorales o evitar que continúen creciendo.
La quimioterapia sigue desempeñando un papel importante, especialmente en determinados tumores malignos. Los medicamentos utilizados pueden administrarse por vía oral o intravenosa y tienen como objetivo eliminar las células cancerosas o frenar su proliferación.
En los últimos años cobraron relevancia las terapias dirigidas, tratamientos diseñados para actuar sobre alteraciones genéticas o moleculares específicas presentes en algunas afecciones.
La inmunoterapia también es otra de las áreas más prometedoras de investigación. Su objetivo es estimular las defensas naturales del organismo para que reconozcan y ataquen las células tumorales.
Además, muchos pacientes requieren medicamentos para controlar síntomas asociados, como para prevenir crisis epilépticas, corticoides para la inflamación cerebral y analgésicos para aliviar el dolor.
La rehabilitación física, neurocognitiva y psicológica es fundamental. Dependiendo de las secuelas que pueda dejar la enfermedad o las intervenciones médicas, algunos necesitan terapia ocupacional, fonoaudiología, fisioterapia o acompañamiento emocional para mejorar su calidad de vida.