27 de agosto 2004 - 00:00
Esta vez con un tinte más político
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Los manifestantes llevaron velas blancas, carteles de las víctimas de la inseguridad, pero no pancartas partidarias.
Esa omisión alguien, desde el público, se la recordó. ¡»No te olvides de Kirchner»!, le gritó un vecino, ubicado sobre la calle Rivadavia luego que Blumberg recitara el catálogo de funcionarios bonaerenses. No atendió la llamada. La mansalva se extendió también a jueces y legisladores. Pero ante cada rechifla, Blumberg exponía el mismo argumento. «No hagan eso: a Falbo la votaron los senadores bonaerenses así que cuando corresponda, usen su voto. Nosotros ahora como ciudadano podemos exigir cosas pero además tenemos el poder del voto.» Toda una proclama.
En esa línea, quedó claro que el dolor por la inseguridad tiene blancos y responsables precisos: la clase política y, en paralelo, los jueces. Blumberg insistió con eso y desde el llano, quienes lo acompañaron al Congreso, potenciaron esa visión.
• Declaración jurada
Por eso, los momentos más efusivos fueron cuando Blumberg pidió reducir la presencia política en el Consejo de la Magistratura y al reclamar que «todos los jueces y funcionarios» tengan que presentar una declaración jurada de bienes, obligación vigente pero no en ganancias.
Casi un riesgo para los políticos que se mezclaron en el público. Los porteños Mauricio Macri, Jorge Enríquez y Patricia Bullrich fueron algunos de los que se animaron a navegar entre semejante malestar. Salieron ilesos.
Hacia el final, Blumberg arengó para que lo acompañen a presentar su petitorio. Allí lo recibió Solá que no tenía previsto recibirlo pero, a última hora, lo hizo para responder el reproche de que en cuatro meses no había atendido sus pedidos.
Igual, muchos de los que estaban en la Plaza de los Dos Congresos « plantaron» las velas encendidas sobre la plaza y rehusaron la última invitación de Blumberg. Era tarde, hacía frío, y mucha gente mayor y de pie. Para los porteños -tan golpeados por el delito como los bonaerenses- la respuesta y los culpables de su pánico estaban en otro lado.



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