Murió ayer a los 92 años el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo emérito de Buenos Aires. El deceso se produjo a las 17.30, como consecuencia de un paro cardio-respiratorio en su residencia privada del barrio porteño de Palermo. El purpurado se aprestaba a salir hacia el santuario de San Cayetano, en Liniers, donde dos veces por semana confesaba a quienes se acercaban a él. El cardenal Aramburu estaba junto a su secretario privado y familiar desde 1970, el sacerdote Miguel Angel Irigoyen, quien le administró la unción de los enfermos.
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El pasado 28 de octubre cumplió 70 años de su ordenación sacerdotal; era entonces el séptimo cardenal más longevo del mundo.
Aramburu nació en Reducción (Córdoba), el 11 de febrero de 1912, y su niñez transcurrió entre ese pueblo, España y Buenos Aires, ciudad donde hizo su escuela primaria en el Colegio De La Salle. A los 11 años ingresó en el Seminario de Córdoba y más tarde fue enviado al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1934. Tenía 22 años. Obtuvo los doctorados en Filosofía y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana.
En 1946, el papa Pío XII lo designa obispo titular de Platea y auxiliar del entonces obispo de Tucumán. El 22 de abril de 1975 fue promovido a arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, al reemplazar a monseñor Antonio Caggiano. El papa PabloVI lo crea cardenal del título de San Juan Bautista de los Florentinos, y se convierte en el quinto purpurado argentino. El 11 de febrero de 1987 presentó su renuncia al arzobispado por haber alcanzado la edad que indica la norma canónica -75 años-, pero el papa Juan Pablo II se la aceptó recién tres años más tarde, el 11 de julio de 1990, luego de 23 años de gobierno pastoral. Lo sucedió monseñor Antonio Cardenal Quarracino, ya fallecido.
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