17 de noviembre 2004 - 00:00

La España rica quiere un idioma también rico

Juan Carlos I
Juan Carlos I
Rosario - A las once de la mañana de hoy, el rey Juan Carlos I y el presidente Néstor Kirchner dejarán inaugurado en Rosario el III Congreso de la Lengua Española, que se extenderá durante cuatro días a través de ponencias, mesas redondas y discursos en los que se debatirá el lema «Identidad lingüística y globalización».

Salvo José Saramago, que planteó anteayer en voz alta sus dudas acerca de la auténtica utilidad de estos cónclaves, no parece de buena educación repetiresta sospecha, aunque casi todos la tengan (con excepción de la industria hotelera y el comercio de Rosario). De paso: que la figura más importante de un Congreso de la Lengua española sea un escritor portugués parece otra boutade de Torcuato Di Tella. ¿Cuáles fueron, en verdad, los efectos prácticos de los congresos anteriores, Zacatecas (México) y Valladolid (España)? Solamente se recuerdaun solo hecho: las diatribas jocosas de Gabriel García Márquez contra la ortografía y el empleo de la hache, conocidas desde el precursor Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática en 1492.

Desde ya, es preferible que la Argentina acoja un congreso como éste a que no lo haga. Es bueno y sano que un país en default y con su educación en crisis crónica, despresupuestada y hasta con un secretario de Cultura que no cree en la cultura, tenga algún lugar en el mapa del intelecto mundial. Concurren académicos, investigadores, escritores, cineastas y representantes de medios de comunicación. La presencia es el mensaje, diría McLuhan.

¿Pero cuál es, en verdad, el germen de estos novedosos congresos, que recién se iniciaron con el nuevo siglo? La razón se sintetiza en esta frase: la España rica de hoy no quiere tener una lengua identificada con la pobreza. Estos congresos parten de la política de imagen y fortaleza de la Corona española, de la cual depende en línea directa la Real Academia (los congresos son honrados por los reyes y no por el presidente del gobierno español). Deben explicar, además, por qué buscan defender como «española» la lengua de Castilla (el «castellano» según los documentos oficiales).

Una política que tiene que ver, primordialmente, con la intención de darle mayor gravitación a España en el mundo, fundamentalmente en Europa, y eso también se logra con invertir la idea de que el español es la lengua del atraso. Los « commodities» culturales de las últimas décadas prescinden del español. Los hechos sobran: se visita un museo fuera de España y las explicaciones suelen venir en varios idiomas pero rara vez en castellano; los libretos de ópera en CD traen sus versiones en italiano, alemán, inglés y francés, casi nunca en español, etc. Hollywood invade el mundo con su cine y el español queda identificado, casi con exclusividad, con el idioma que hablan las mucamas. La España rica de hoy detesta cargar con ese lastre que tiene adosado por Latinoamérica.

Los temas de este congreso serán los «Aspectos ideológicos y sociales de la identidad lingüística», «Identidad y lengua en la creación literaria» y «Español internacional e internacionalización del español», que serán tratados por 167 expositores procedentes de 25 países. Habrá 600 participantes en forma directa y más de 2.000 en forma virtual a través de retransmisiones. Más allá del aspecto estrictamente académico, se prevén debates en torno al empobrecimiento del idioma por la TV, el deterioro de la enseñanza del lenguaje y su reforma, la decadencia de la lectura, el predominio del inglés en Internet, la lucha de lenguas en la globalización, el crecimiento internacional del español que será en el futuro, junto con el mandarín y el inglés, una de las lenguas globales.

Los reyes de España se alojan en la suite presidencial del Holiday Inn de Rosario, ubicada en el piso 19, en tanto que sus acompañantes serán ubicados en algunas de las otras 89 habitaciones reservadas por la embajada española. En total, de los 20 pisos que tiene el hotel, once serán destinados exclusivamente a los invitados reales.

Durante su estadía de 20 horas en la Argentina, los reyes cumplirán con una agenda protocolar que arrancará mañana a las 10 cuando visiten la muestra
«Un paseo por la vanguardia española. Instantánea de Ramón Gómez de la Serna», que será inaugurada en el Museo Histórico Provincial Julio Mar junto al gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid. A las 11 participarán de la apertura del Congreso en el teatro El Círculo y, pasado el mediodía, llegarán al edificio de la Bolsa de Comercio, donde el rey se encontrará a solas durante media hora con el presidente Kirchner.

A las 13.10, los reyes se sentarán junto al Presidente y
Cristina Fernández de Kirchner a una mesa preparada para 14 comensales, con un menú que incluye centolla fueguina y pavita entrerriana.

Mientras tanto, a muy pocas cuadras de allí, el premio Nobel
Adolfo Pérez Esquivel estará disertando en el Congreso paralelo de la Lengua, los habituales efectos secundarios (al igual que los movimientos antiglobalización), a los que los académicos ya están resignados.

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