Será porque le han dicho que su marido opaca su figura, o debido a que el prolongado conflicto con el campo la desorienta en el vestidor, lo cierto es que Cristina de Kirchner se ha entregado a un abuso de los brillos en su ropa. Como nunca. Raro, hasta ahora algunas paletas parecían sintonizar con los momentos. Blanco, cuando debutó. Grises, ante la angustia de no poder resolver la crisis del país. Pero el tornasolado del 25 de Mayo, superbrilloso, desorientó. Negro y cereza en tornasol para la chaqueta en un día gris, con funcionarios todos de negro en Salta. Como en el film de Willy Smith Tommy Lee Jones. Contrastó, tanto en estética como en mística, con el otro acto de Rosario.
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Parece que la estrategia oficial es reforzar el lucimiento de la imagen en medio de los tropiezos. Desde hace dos semanas, la mandataria se aferra a modelos clásicos, pero con nueva paleta y texturas. Nada reprochable para una dama fascinada por los dictámenes de la última moda.
Pero bien podría el cambio externo ser apenas un reflejo de otro más profundo.
En los últimos días, por demás brillosa, ese detalle devaluó la calidad de las prendas, de sedas italianas, shantú oriental o suaves satenes. Por el encandilamiento. «La ropa es la piel social de los hombres, quienes manifiestan su personalidad con las prendas que escogen. Las elecciones de Cristina, a veces acertadas, reflejan su forma de ser: es una mujer de carácter fuerte que no está acostumbrada al no», explica el asesor de imagen de celebridades locales Fabián Medina Flores.
El especialista, editor del sitio Club de Moda, asegura que «Cristina incurre en excesos, y éstos no siempre son de buen gusto. A veces agrega accesorios muy importantes al look, que están demás y desentonan. Pero es la forma que ella encuentra de expresar su femineidad».
El viernes, en Brasil, usó un vestido chemise blanco floreado en la gama de los negros y grises con falda plisada, que combinó con chaqueta negra, cinturón de cuero ancho en la cintura y zapatos de cuero negro con puntera blanca.
«Un conjunto simple y descontracturado,pero atractivo.En tonos neutros que le favorecen más que los estridentes», opinó la diseñadora Verónica Alfie.
El domingo, para el tedeum y el acto en Salta por el 25 de Mayo, colores apagados pero con texturas brillantes. Otra chaqueta negra, esta vez de shantú tornasolada en bordó y vestido con falda semiplisada de seda color cereza y zapatos engamados.
«Mucho brillo, pero en tonos que, de tan apagados, le dan una imagen triste. Para una festividad como la del 25 de Mayo, hubiese sido más adecuado el modelo que usó el viernes en Brasil», asegura Alfie. Coincide en este aspecto Medina Flores: «Hubiera invertido los modelos, porque el que lució para el tedeum era más apropiado para el encuentro con otros mandatarios en Brasil». Ese día se esperaba que llevara los atributos presidenciales -la banda y el bastón-, pero no hay protocolos escritos que obliguen usarlos, aunque los presidentes suelen llevarlos por tradición en esas ocasiones. Sí, en cambio, hay códigos que comparten los modistos. Ellos sugieren no usar medias negras, algo con lo que ella insiste.
«Repetir los colores de las prendas en los accesorios y calzado para reafirmar las paletas usadas es un estilo típico de los noventa, pasado de moda», castigó el experto en imagen.
También Alfie advierte que la elección del contraste de texturas y tonos es una opción muy actual, pero que «los colores fuertes como el rojo deben usarse para detalles que acentúen la elegancia del look. En el conjunto que usó el domingo, hubiera sido mejor que la falda sea negra y el detalle rojo sólo para el top, puños del saco y zapatos. Además el negro y rojo es una combinación característica del punk, poco acertado para una presidente».
El lunes, tailleur de brocato y top de satén cemento. «Demasiado brillo para el día», insistió Alfie y coincidió Medina Flores, advirtiendo que «el brillo es inevitable por su personalidad. Tiene un carácter fuerte y eso se hace notar en su vestimenta. No es Carla Bruni, ni Karina Rabolini. En este modelo expresó la máxima sobriedad posible sin abandonar su estilo». Es decir, para Cristina pareciera que el brillo, a pesar de lo contradictorio con las ocasiones, es imposible de eludir, no como las otras damas. Tampoco le recomiendan que utilice el color marrón, en el que recayó el martes.
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