20 de diciembre 2006 - 00:00

Intenta que Consejo trabaje hasta en enero

María Laura Leguizamón
María Laura Leguizamón
Parece que no todos los oficialistas están dispuestos a romper con las viejas manías del consejo de jueces aunque se hayan declarado devotos de la reforma que promovió Cristina Kirchner. Eso quedó claro ayer cuando la consejera María Laura Leguizamón convocó a sus pares a trabajar en enero: indescriptibles fueron las carcajadas que despertó la propuesta de la legisladora.

De buen talante, Leguizamón recibió las sonrisas socarronas y anunció que no se tomará vacaciones porque tiene pensado avanzar en la confección del reglamento para el Poder Judicial.

Los que se burlaron de la senadora porteña deberían ir cambiando de planes o, al menos, ampliar las reservas de sus tickets turísticos.

Sucede que Leguizamón se tomó muy en serio una conversación que en la intimidad mantuvo con la esposa del Presidente antes de asumir el cargo de consejera en reemplazo del rionegrino Miguel Pichetto. Por eso, en su agenda de consejera figura el proyecto de modificar el horario de trabajo de la Justicia, el de que los jueces paguen el Impuesto a las Ganancias y otro que ya se presenta como muy polémico: reducir los días de vacaciones del Poder Judicial (tienen 45 días entre vacaciones de verano e invierno).

Un infidente contó que en esa reunión, la Hillary criolla hizo una síntesis de la filosofía kirchnerista y del por qué de la defensa de los derechos humanos como sinónimo de dignidad. Ese concepto abstracto lo trasladó al país como materia y a la necesidad de una reformulación de la Argentina. Le explicó a Leguizamón que ese cambio deviene de la transformación de las instituciones y de la percepción que la gente tiene de ellas.

«Quiero que vos seas la que plasme el espíritu de la reforma», la adoctrinó la señora a poco de decidir la salida de Pichetto del consejo de jueces.

  • Enfrentamientos

    El rionegrino ya no resultaba un garante del disciplinamiento que necesitaba la Magistratura y, además, ya había protagonizado algunos enfrentamientos poco convenientes con el hiperkirchnerista Carlos Kunkel y el cristinista Nicolás Fernández.

    Leguizamón, convertida desde hace un buen tiempo en una silenciosa seguidora de Cristina, vino ahora a cumplir con esa promesa. La legisladora es un tractorcito. Está alejada de la disputa de poder que mantiene entretenidos a Kunkel y a la diputada Diana Conti, pero ha ganado terreno. Se quedó con la presidencia de la estratégica Comisión de Reglamentación.
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