El veredicto del Jurado de Enjuiciamiento devolviendo a sus cargos a dos camaristas y dictaminando que la disconformidad con un fallo no implica necesariamente una inconducta puede que tenga una nueva expresión, por lo menos es lo que imaginan algunos.
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Después de Pascuas, un octeto de jueces elegidos para formar una corte supletoria deberá definir si convalida o rechaza la destitución de Antonio Boggiano como miembro de la Corte Suprema. Hace dos semanas, el procurador Esteban Righi opinó que a Boggiano había que echarlo de la máxima magistratura y, de paso, inhabilitarlo por tiempo indeterminado. Una condena tan dura como la que sufre ( salvando las distancias, obvio) un reo que es condenado a reclusión por tiempo indefinido. Raro porque los jueces de la Corte son contrarios a impedir la reinserción de un individuo. Siempre dijeron que una medida así extrema es violatoria de los tratados internacionales sobre derechos humanos a los cuales suscribió Argentina cuando se reformó la Constitución en 1994.
Votación cerrada
Los conjueces que tienen el destino de Boggiano en sus manos se juntarán el martes 18. Pero de ese cónclave no surgirá un pronunciamiento. Puede que el veredicto salga una semana después.
La votación es muy cerrada (hasta ahora se dice 5 a 3), pero son horas decisivas. Está en juego no sólo la continuidad de Boggiano como juez supremo, sino la decisión política expresada en el Congreso de eyectar al magistradodel supremo tribunal.
El caso de los camaristas de Resistencia Tomás Inda y María Teresa Fernández encendió una luz de alarma en el tablero presidencial y en el despacho de Cristina Kirchner.
Los jueces y los abogados jugaron en par y lograron que el bloque político sintiera el amargo sabor de la derrota. Ni siquiera alcanzó la advertencia de Carlos Kunkel con hacer tronar el escarnio si el jury no echaba a los dos magistrados. Quizás esa haya sido la última gran jugada de ambas corporaciones humilladas por la reforma del Consejo de la Magistratura.
Setenta y dos horas antes del veredicto, jueces y abogados paladeaban ya el triunfo de quitarle al gobierno el placer de llevarse como trofeo de caza las cabezas de Inda y Fernández. La administración Kirchner imaginaba a Inda fuera de la Justicia por dos «valiosas» razones: una relacionada con la liberación de una docena de militares acusados de la Masacre de Margarita Belén. Y la otra por haber prestado su voto para devolver a Boggiano -por un fugaz día- a su silla en la Corte Suprema conociendo que el Congreso se aprestaba a sancionar su destitución.
Tres días antes de ese dictamen -en el que se puso especial énfasis en escribir que un juez no puede ser juzgado por el contenido de su sentencia- jueces y abogados sabedores del resultado se hicieron el juramento casi hipocrático de no filtrar cómo sería el final.
Consejo
«Si el gobierno sabe que el tribunal va a votar a favor de Inda y Fernández va a presionar para que los destituyan, hay que evitar que se publique cualquier línea sobre la votación», aconsejó un experto asesor.
La mordaza que cerró la boca de los miembros de jurado de enjuiciamiento parece haber pasado a los labios de los conjueces de Boggiano. Ese silencio sepulcral alienta la fantástica esperanza de que el octeto puedan seguir los pasos del jury y se anime con un voto que ignore el mandato del Congreso de destituir a Boggiano. Hasta anoche esa posibilidad era una probabilidad mínima. Pero faltan varios días para una decisión que encripte para siempre esta larga historia que ya lleva casi dos años de proceso. Y se sabe que esto es la Argentina.
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