La Corte hizo las paces con el Consejo de la Magistratura

Judiciales

Debe andar con el biorritmo alto el juez Ricardo Lorenzetti porque todo le sale bien. Sería una ofensa a su inteligencia suponer que sus últimos logros son azarosos y no fruto de una estrategia bien definida. En su debut como presidente de la Corte Suprema el santafesino expuso un tribunal menos ortodoxo, más desacartonado y atento al interés de la gente. Puede que haya una dosis de demagogia pero el cambio de actitud no ha pasado inadvertido.

En el primer acuerdo, tras el receso del verano, la Corte dictó 100 fallos pesificadores ordenando a los bancos devolver los depósitos al valor del dólar actual, empezando por los pequeños ahorristas. Tras cartón intimó al gobierno para que en 15 días más explique el plan de limpieza del Riachuelo.

Además, como si fuese producto de una casualidad y no del empeño consiguió que la legión de jueces que siempre declararon inconstitucional la pesificación se avinieran ahora a obedecer la sentencia que impuso como regla que cada dólar pesificado debe restituirse a 1,40+CER más un interés de 4 por ciento anual no capitalizable (ver aparte).

  • Visita

    Ayer volvió a sorprender: emprendió un «viaje» a Libertad 731, donde los novicios miembros del Consejo de la Magistratura ejecutaban el primer ritual posvacaciones.

    Lorenzetti se llevó a su vice, Elena Highton y al administrador Nicolás Reyes y se sentó en la mesa grande del consejo de jueces para, sencillamente, fumar la pipa de la paz.

    El gesto tiene alto significado político. Durante la presidencia de Enrique Petracchi la Corte había «deshonrado» a los consejeros.

    La salida de Julio Nazareno del Tribunal no modificó, un ápice, el pensamiento que los jueces supremos tenían sobre el Consejo de la Magistratura.

    Ambas patas del Poder Judicial mantienen una sorda disputa desde la reforma constitucional de 1994. Hasta entonces, la administración del Poder Judicial estaba a cargo de la Corte, Pero la reforma otorgó ese rol al Consejo, encargado también de seleccionar a los futuros jueces y promover su destitución. Tras varias disputas políticas, el Consejo entró en funciones a fines del 98. Y entonces comenzaron los cruces con la Corte, a través de formales acordadas y resoluciones.

    La más encarnizada pelea ocurrió a fines de 2005, cuando Petracchi negociaba y le retaceaba al kirchnerista Julio Piumato un aumento para los judiciales. La Corte le había otorgado un incremento salarial a los jueces y a sus propios funcionarios, pero dejó fuera al resto de los judiciales. Entonces, los consejeros en un plenario que todavía será recordado (fue la única vez que votaron todos en el mismo sentido) aprobaron un aumento y reescalafonamiento para 17 mil empleados utilizando para ello el superávit del Presupuesto.

    La Corte calificó como «un delito» la apropiación de esos fondos y lo anuló, pero el Consejo lo volvió a confirmar.

    Finalmente el aumento se pagó, pero por obra y gracia de un decreto presidencial se le retiró a los consejeros la administración de unos 60 millones de pesos de superávit.

    En medio de todo este conflicto, el irascible juez Petracchi desalojó a los consejeros del ceremonioso cuarto piso del Palacio de Justicia y les vedó el uso de las oficinas. Fue entre gallos y medianoche que los obreros del ex juez retiraron la «gran mesa de los 20» -confeccionada a medida y en caoba-y la abandonaron en un depósito de la calle Jean Jaures, pese a que se pagó 70 mil pesos/dólares. Desarmarla y llevarla hasta allí costó otros 4.500 pesos.

  • Ausencias

    Por entonces Petracchi era dueño de dos sayos (presidente de la Corte y del Consejo) pero sólo se ponía uno. El que él consideraba más importante, por eso faltaba a la mayoría de las reuniones del Consejo.

    El achique de la Magistratura, la eliminación de la representación de la Corte y la apetencia del oficialismo por controlar todo el Poder Judicial, se prestó para especular sobre una nueva pulseada, quizás más salvaje que la anterior.

    «La Corte va a tener que respetar este Consejo porque nosotros no somos una oficinita que administra sus caprichos», le dijo un consejero a Ambito Financiero. Y recordó que cuando Petracchi abandonó esa jefatura se llevó consigo toda la estructura protocolar dejando al nuevo presidente Pablo Mosca, sin siquiera una oficina de protocolo (en rigor Petracchi usaba la suya instalada en la Corte).

    ¿Es que van a volver a las peleas? Todo suponía que sí, hasta que ayer Lorenzetti desactivó el casi seguro conflicto. Flanqueado por el presidente del Consejo, Pablo Mosca y su colega Highton, el santafesino que nunca fue juez sintetizó que su visita era una demostración de la voluntad de la Corte de colaborar con la tarea de la Magistratura para «lograr un Poder Judicial más fuerte, más independiente y más cercano a la sociedad».

    Mosca respondió con cortesía protocolar, pero fue la siempre frontal Highton de Nolasco quien llamó las cosas por su nombre: «Esperemos que ahora que empieza otra etapa de la Corte y de la Magistratura terminen la crisis y los conflictos».

    El guante lo recogió Marcela Losardo, representante en el Consejo del Ejecutivo. Casi en mismo tono que la cortesana llamó a sus pares a superar «desencuentros pasados».

    El consejero Santiago Montaña, sostuvo que la invitación al acto de apertura «no es un convite al hermano mayor, sino una muestra de clara fraternidad que deben tener los representantes del pueblo argentino».

    El Indice de Temor Ciudadano (ITC) del Centro de Estudios para la Convergencia Ciudadana dice que en 2006 la confianza de la gente en la Justicia subió dos puntos: de 12% a 14%. Los sondeos son semestrales a mitad de año se sabrá si el romance entre la Corte y el Consejo no es sólo una pasión adolescente.
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