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La Corte Suprema de Justicia nacional, fue establecida por Bartolomé Mitre en 1862, una vez reunificado el país después de la batalla de Pavón.
Desde entonces y durante los 85 años siguientes, este tribunal tuvo una estabilidad absoluta. Siempre estuvo integrado por cinco miembros -nunca se aumentó ni disminuyó la cantidad- tampoco en ninguna oportunidad se realizó un juicio político a sus miembros y en ese período todos los reemplazos fueron producidos por fallecimiento o renuncia y cubiertos de acuerdo al procedimiento establecido por la Constitución Nacional de 1853: designación por acuerdo del Senado a propuesta del Poder Ejecutivo.
Durante un cuarto de siglo, de 1904 a 1929, la Corte Suprema tuvo un mismo presidente que fue el prestigioso Dr. Antonio Bermejo, quien designado por Roca en su segundo gobierno, permanece en funciones hasta la segunda presidencia de Yrigoyen cuando fallece. Inclusive hubo un presidente (José Figueroa Alcorta), quien después de dejar la presidencia fue miembro de la Corte y luego sustituyó a Bermejo en la presidencia del tribunal.
La conclusión es clara: cuando la Argentina fue un país exitoso e importante, la Corte Suprema fue el más estable de los tres poderes.
Al comienzo de la primera presidencia de Perón, se rompió la estabilidad institucional de la Corte Suprema. Con mayoría en el Congreso, el oficialismo reemplazó a cuatro de los cinco miembros de la Corte y pasó a tener un tribunal adicto, rompiendo los 85 años de estabilidad institucional que había tenido.
Dado este antecedente, en 1955 el gobierno de facto de la Revolución Libertadora removió la Corte y designó una nueva, alineada políticamente con la nueva administración.
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