13 de diciembre 2006 - 00:00

''No nos juzguen por sentencias'' (jueces)

El ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y el abogado Pablo Mosca durante la cena anualque reunió en la noche del lunes a más de 400 jueces de todo el país. Se produjo uninteresante cruce de opiniones.
El ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y el abogado Pablo Mosca durante la cena anual que reunió en la noche del lunes a más de 400 jueces de todo el país. Se produjo un interesante cruce de opiniones.
Clima fraterno en el Plaza Hotel Buenos Aires durante la cena anual de los jueces para despedir 2006. Hubo récord de asistencia: 400 jueces (mucho más que el año pasado), acudieron cuatro integrantes de la Corte Suprema y el ministro de Justicia. Noche cargada de definiciones porque horas antes del encuentro gastronómico hubo cambio de banda en la presidencia de la Asociación de Magistrados, motivo, entonces, de doble festejo. Se fue Miguel Caminos y lo reemplazó en la conducción Ricardo Recondo. Pero además la cena tuvo un toque combativo y un interesante contrapunto entre el asumido Recondo y el ministro de Justicia, Alberto Iribarne. Hubo pases de facturas por la reforma del Consejo de la Magistratura y por la «persecución» de jueces usando el recurso del juicio político. Todo claro, en un tono propio de los abogados.

La sensación térmica comenzó a elevarse cuando los comensales le entraban al paté Marriott Plaza. Desde el púlpito, el salido presidente Caminos agradeció el acompañamiento a sus cuatro años de gestión y realizó un público reconocimiento al «coraje y entrega» de su coequiper y ahora consejero Luis María Cabral a propósito de su actuación en el Consejo de la Magistratura.

«Lo trascendente no radica en obtener y ejercer un cargo por relevante que éste sea si en el Caminos se deben traicionar convicciones éticas sino en la ejemplaridad de la conducta que es la que todos esperamos de un juez, y Luis ( Cabral) la tuvo al defender sus convicciones y principios que son los nuestros.»

  • Alusión

  • Caminos aludió así a la jugada del bloque kirchnerista que dejó a Cabral sin la presidencia del Consejo de la Magistratura porque se negó a conceder la secretaría general del Consejo y la administración del Poder Judicial. Como castigo, los votos del oficialismo fueron destinados a catapultar en ese puesto de conducción al abogado Pablo Mosca.

    Casi nostálgico, el ex presidente de la asociación recordó que en 1958 Luis Carlos Cabral, padre del consejero y con un alto cargo en la procuración, tomó una decisión similar al renunciar a sus funciones por la persecución de varios jueces.

    Desde una mesa cercana al atril escuchaban atentos el saliente presidente de la Corte, Enrique Petracchi; el entrante, Ricardo Lorenzetti; la vicepresidenta del tribunal, Elena Highton de Nolasco, y la jueza suprema Carmen Argibay. Compartían el lugar con la viceministra de Justicia, Marcela Losardo, el ministro Iribarne y el presidente del Consejo de la Magistratura, Pablo Mosca.

    Pero lo sabroso no vendría con el postre sino con el bien dispuesto plato de ave rellena acompañado de budín de gruyère y puré de zanahorias al tomillo con salsa de champagne. Fue el momento en que el juez Caminos cedió el estrado al juez Recondo y éste se encargó de marcar la línea que le imprimirá a su gestión. La intervención del magistrado -varias veces aplaudido, aunque casi roza el discurso de barricada- tuvo varios apéndices dirigidos al gobierno de Néstor Kirchner. Veamos:

  • El primero, el que despertó el aplauso de sus colegas, sucedió cuando sentenció que los jueces no pueden «ni deben ser perseguidos» por el contenido de sus sentencias «complazcan éstas o no al poder político de turno, a los medios de prensa, a los formadores de opinión o a la mal llamada opinión pública, cuya indiscriminada invocación ha terminado convirtiéndose en un bastardeado recurso de presión».

  • Consideró que era una responsabilidad de los otros poderes del Estado evitar que por falta de medios e infraestructura algunos de los fueros de la Justicia se vean colapsados y, por ende, incurrieran en una inadecuada prestación del servicio.

    «Debe evitarse por este medio que se desarrolle un mecanismo sutil de interferencia en la independencia judicial, como sería la separación de los jueces que por el abarrotamiento de tareas no puedan cumplir en tiempo con sus funciones», señaló.

  • Agregó que la defensa y vigencia de estos principios no debe ser confundida con una defensa corporativa de intereses. «No hay tal cosa como la mal llamada Corporación Judicial», dijo. «La manipulación interesada de la 'opinión pública' no es un recurso previsto en la Constitución. No vamos a permitir que la desinformación o la tergiversación de la información sean utilizadas aviesa e intencionalmente».

  • Pero, sin dudas, el párrafo más esperado estuvo referido al Consejo de la Magistratura. La mención llegó después de que Recondo reafirmara que «el Poder Judicial tiene una sola cabeza: la Corte Suprema».

    El flamante presidente advirtió que la ley que reformó el consejo produjo una «fuerte descompensación en favor de los representantes de los órganos de elección popular» sin respetar el sistema de equilibrio establecido por la Constitución. Y volvió a reclamar para los jueces la presidencia de ese cuerpo como administrador del Poder Judicial.

    Obvio, no faltó la réplica. Desde el mismo púlpito que usaron los jueces, el ministro de Justicia enfrentó a una audiencia poco amiga. Así, ante algunas alusiones que asocian a la reforma con la falta de transparencia, Iribarne la defendió.

    «Esta reforma fue producto de la decisión mayoritaria de los representantes del pueblo, que es el que les da mandato a través de elecciones libres y es ese mismo pueblo el que si no está satisfecho con su desempeño, elige otro. Ese es el principio democrático que hay que sostener.»

    El final llegó pasada la medianoche, y pese a los discursos casi piqueteriles, hubo abrazos, y hasta algunas sonrisas.
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