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Papelón de políticos
El esfuerzo que puso el gobierno en modificar el Consejo de la Magistratura casi naufraga por la impericia de sus leales. La corporación de los magistrados con el apoyo de los radicales estuvo a punto de quitarle el control del organismo encargado de seleccionar y destituir jueces. Hubiera sido una tragedia para la Casa Rosada después de la embestida que hizo para que el Congreso aprobara la ley que redujo de 20 a 13 el número de consejeros pese a la cerrada crítica de todo el arco opositor. Ninguno de los cinco representantes del kirchnerismo asistió a la primera reunión del consejo de jueces a sabiendas de que en ese cónclave se jugaba el reparto de cargos clave. La ausencia facilitó el armado de una alianza que amenaza rebelarse contra el instinto naturalmente hegemonista del kirchnerismo. ¿Para esto pagó tantos costos el gobierno?
Carlos Kunkel
Un cansino Fredi Storani avaló las palabras del juez y hasta consideró que estaban dadas las condiciones legales para elegir a Cabral. El reglamento dice que el presidente debe ser elegido por la mayoría el cuerpo. En una mesa de 13 miembros siete es mayoría.
«La sociedad toda está mirando a este organismo, y no se lo puede paralizar por la ausencia de otros integrantes», evaluó el radical y propuso votar.
Justo cuando las manos empezaban a elevarse hizo su aparición el abogado Santiago Montaña, a quien algunos han bautizado como el «okupa» del consejo de jueces porque tomó posesión para sí y sus asesores del piso 11 del edificio de la calle Libertad.
El desembarco de Montaña armó un descalabro total. El letrado ratificó que su sector no votaría como presidente a un juez en un organismo cuya función es designar, sancionar y promover los juicios políticos de los magistrados. Por lo tanto, impulsó para ese puesto a su colega Pablo Mosca.
No podrían haber imaginado el juez Cabral y el abogado Mosca que deberían recurrir a una maniobra tan criticada por la sociedad. Es decir, hacer «la gran (Julio) Nazareno»: votarse a sí mismo para alcanzar la mayoría. Un horror para un debut que la Casa Rosada había imaginado distinto.
Hubo una primera votación con seis votos a favor de Cabral y dos para Mosca. Luego una segunda y hasta una tercera. En ambas el resultado se repitió. Ni el juez Cabral ni el abogado Mosca llegaron a la mayoría de los votos y se debió postergar una definición para el jueves 30. Provisoriamente y que para el nuevo consejo no quedara vergonzosamente acéfalo se nombró al académico Candioti como presidente provisorio.
La notable ausencia del bloque K tuvo dos interpretaciones muy contrarias entre sí:
La visión positiva (de algunos pocos) es que la situación de ayer mostró que la unión de jueces, políticos opositores, abogados y académicos pueden dejar en desventaja (8 a 5) a los políticos oficialistas. Esgrimen, que ese escenario muestra que el gobierno no tiene el «poder de veto» ni pretensiones hegemónicas como se asegura.
Ese plenario demostrará quién tiene el control dentro del Consejo: si el bloque de la corporación judicial al que se suman los radicales díscolos o el bloque del kirchnerismo.

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