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10 de noviembre 2004 - 00:00

Tarde, la Corte pide penar los escraches

La Corte Suprema de Justicia se acordó tarde de condenar las agresiones a personas que se hicieron habituales desde la crisis de diciembre de 2001. Para que se los escuchase sobre tan innoble procedimiento, debieron sufrirlo en carne propia: les ocurrió al magistrado Juan Carlos Maqueda y a su esposa, quien sufrió una fractura el viernes pasado, cuando fueron arrinconados por un grupo que se atribuyó la representación de ahorristas perjudicados por el fallo pesificador. ¿No debieron emplear el mismo énfasis cuando eran golpeados un Roberto Alemann o un Jorge Asís, o cuando acosaban en sus domicilios a un Julio Nazareno o a un Eduardo Moliné O'Connor -el único de sus pares que se defendió hasta ser destituido en polémico juicio político en el Congreso-? Claro que son condenables esas agresiones, y más cuando las producen turbas que se ensañan con personas desprotegidas que andan sin custodia, como algunos de los jueces supremos.

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Roberto Alemann y Juan Carlos Maqueda

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Pero, como la carne duele, ahora la Corte se expide debido a que uno de sus miembros -Juan Carlos Maqueda- sufrió en su propio cuerpo una agresión. De ahí que, bajo el amparo de «barbarie» y «violencia criminal» descalifican a los ahorristas que la emprendieron contra el ministro cordobés por su fallo pesificador en contra de los ahorristas. Aunque el episodio debe ser repudiado por todos, la Corte se pronuncia con retraso (bueno, para el tribunal no hay tiempos), por el dolor de ser atacada y en previsión de que no se repita el ataque, y con la grave omisión de que no se impone una autocrítica -personal o institucionalmente- por la mirada ajena y distante que observó en el pasado frente a situaciones semejantes (casos de Roberto Alemann, María Julia Alsogaray, Patricia Bullrich, Jorge Asís, Fernando de la Rúa, Carlos Ruckauf, a los militares en su casi totalidad).

El texto de la Corte dice: «La agresión física resulta totalmente inadmisible en cualquier tipo de sistema, y mucho más en una democracia como la que venimos disfrutando desde hace dos décadas.



Además de comentar el incidente con Maqueda (del cual también fue perjudicada su esposa), la Corte reclama que «en una sociedad democrática los ciudadanos tienen a su disposición todos los canales para la expresión de sus diferencias y discusiones que les garantiza el Estado de Derecho, aunque para esto deban aceptar su sometimiento a la ley y a las instituciones que ellos mismos han avalado».



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