La ciencia del aprendizaje viene estudiando desde hace décadas qué ocurre cuando una persona intenta incorporar información nueva. La memoria no funciona como un archivo en el que los datos quedan guardados automáticamente: prestar atención, procesar lo aprendido y poder recuperarlo después son partes centrales del proceso.
Los 5 hábitos respaldados por la ciencia para mejorar tu memoria y memorizar más rápido
Cambiar la forma de repasar, distribuir las sesiones y reducir las interrupciones puede ayudar a retener información durante más tiempo.
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Estrategias sencillas pueden cambiar la manera en que una persona enfrenta sus momentos de estudio.
Para quienes estudian, preparar un examen o aprender un contenido nuevo suele llevar a una estrategia bastante intuitiva: leer varias veces, subrayar y pasar horas frente a los apuntes. Sin embargo, algunas de las técnicas que generan sensación de familiaridad con un tema no necesariamente son las que más ayudan a recordarlo después.
Por qué explicar el tema funciona mejor que releer
Una de las modificaciones más sencillas consiste en dejar de depender exclusivamente de la relectura. Después de estudiar una página, un capítulo o una clase, cerrar el material e intentar explicar qué se recuerda obliga al cerebro a recuperar información.
La estrategia se conoce como práctica de recuperación y puede hacerse de distintas maneras: responder preguntas sin mirar los apuntes, explicar un concepto en voz alta, escribir todo lo que se recuerda o intentar resolver ejercicios antes de consultar la respuesta.
La diferencia parece pequeña, pero cambia la tarea. Releer permite volver a encontrarse con la información; intentar recordarla exige reconstruirla. Esa recuperación activa puede contribuir a una retención más duradera que simplemente estudiar nuevamente el mismo material.
La regla del aprendizaje espaciado: despídete de las maratones de estudio
Pasar cuatro o cinco horas seguidas con un mismo contenido puede dar la impresión de que se avanzó muchísimo. El problema aparece cuando llega el momento de recordar lo estudiado varios días después.
La práctica espaciada propone distribuir el aprendizaje en distintas sesiones. En lugar de concentrar todo el trabajo el domingo anterior al examen, una persona puede estudiar un tema el lunes, recuperarlo nuevamente el miércoles y volver a repasarlo el viernes.
El espaciado y la práctica de recuperación cuentan con un amplio respaldo dentro de la investigación psicológica sobre aprendizaje. La evidencia también muestra que el momento exacto de los repasos puede variar según la persona, el contenido y el objetivo.
Autoevaluación temprana: la importancia de ponerte a prueba antes de tiempo
Otro cambio consiste en no esperar hasta la noche anterior al examen para descubrir cuánto se sabe realmente. Las preguntas y los pequeños exámenes pueden incorporarse desde el comienzo del proceso.
Una tarjeta con una pregunta de un lado y la respuesta del otro, un cuestionario breve o una hoja en blanco para reconstruir un tema son recursos simples. También sirve pedirle a otra persona que haga preguntas sobre el contenido.
El punto central es detectar los vacíos mientras todavía hay tiempo para corregirlos. Si una persona responde correctamente una pregunta, puede seguir adelante; si no consigue hacerlo, tiene una señal concreta sobre qué necesita revisar.
Atención plena y enfoque: el impacto real de las distracciones en el cerebro
Antes de recordar algo, hay un paso que muchas veces pasa desapercibido: haberle prestado atención. Si durante una explicación la persona alterna entre los apuntes, una conversación y distintas notificaciones, parte de esa información puede no ser procesada con suficiente profundidad.
Una investigación encontró una relación entre los lapsos de atención y una mayor probabilidad de olvidar posteriormente la información. También observó vínculos entre la multitarea con medios digitales y esos lapsos. La clave está en reducir las interrupciones innecesarias y darle al contenido períodos en los que pueda procesarse sin competir constantemente con otros estímulos.
Cómo el teléfono perjudica tu capacidad cognitiva
El celular puede ser una herramienta útil para estudiar, pero tenerlo al alcance de la mano también puede convertirse en una fuente de distracción. Y hay un dato especialmente llamativo: algunas investigaciones analizaron qué sucede incluso cuando el dispositivo no está siendo utilizado.
Durante una sesión destinada a memorizar, una medida sencilla puede ser dejar el teléfono fuera del alcance. No hace falta convertir el estudio en una experiencia de aislamiento total: alcanza con quitar una fuente de interrupciones que no aporta al objetivo inmediato.
Una rutina posible combina las distintas estrategias: estudiar un contenido, cerrar los apuntes, intentar explicarlo, comprobar los errores y volver sobre ese material días después. Así, en lugar de apostar todo a una larga jornada de último momento, el aprendizaje se convierte en un proceso distribuido y activo.





