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26 de julio 2007 - 00:00

Cuba, aún lejos de los augurios de caos y de la democracia

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Habana - Cuba cumple hoy un año de ausencia de Fidel Castro en el poder, sin sobresaltos ni cambios perceptibles, bajo la duda de cuánto más durará el interinato del gobierno de su hermano Raúl, y el apremio de aliviar las carencias de la población.

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La fiesta patria del 26 de julio marca en el almanaque cubano el punto de partida de la histórica etapa abierta con la enfermedad y traspaso de mando del líder cubano, quien cumplirá 81 años en agosto.

Castro fue visto por última vez en público en la celebración de hace un año en dos actos en Bayamo y Holguín (oriente de la isla) y el 27 de julio fue sometido a la primera de varias operaciones por una crisis intestinal aguda.

Cuatro días después y por primera vez en casi medio siglo de revolución, Castro anunciaba en una proclama la delegación de sus poderes provisionalmente en su hermano Raúl, ministro de Defensa de 76 años.

Este año, el 26 de julio, que conmemora 54 años del asalto al cuartel Moncada -inicio de la rebeldía revolucionaria-, tendrá su acto en Camagüey, 540 km al sudeste de La Habana, donde se presentará el presidente interino.

Un año después, Fidel aún se recupera y se desconoce si podrá volver al poder o asumirá un nuevo papel, dejando a su hermano la gestión doméstica.

El panorama podría aclararse con el proceso electoral que culminará en abril de 2008, cuando el Parlamento designe la presidencia del Consejo de Estado, que ocupa Fidel desde que hace 30 años fue creado el cargo.

Mientras Fidel escribe sin parar, Raúl, alejado de cámaras y tribunas, desmarcándose del estilo de su carismático hermano, gobierna con discreción, delega tareas y hace prudentes ajustes en empresas y aparato productivo, carcomidos por la burocracia y el «cáncer» -dijo-de la corrupción.

«Junto a Fidel y Raúl, más combativos, eficientes y revolucionarios», repite el lema oficial, nada casual, de la convocatoria al acto en Camagüey.

Pragmático, Raúl exigió ante el Parlamento eficiencia contra los problemas que más agobian a la población: transporte, alimentación y vivienda. «De justificaciones estamos cansados en esta revolución», afirmó.

Los cubanos aspiran a ver en su vida diaria 10% de crecimiento económico que reporta el gobierno, pues aunque tienen servicios gratuitos y alimentos a precios subsidiados, el salario medio, de unos 15 dólares, es insuficiente para vivir.

Analistas piensan que Raúl podría abrir espacios en la economía, pero hasta ahora no ha dado golpes de timón.

  • Eje consolidado

    En lo político, Cuba echó por tierra los augurios apocalípticos de Washington sobre una caída de la revolución sin Fidel en el mando y consolidó el «eje» que forma con Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

    Aunque Raúl sigue siendo nombrado como número dos, la larga convalecencia de Fidel hace pensar a algunos que una «transición» o «sucesión» tiene lugar paulatinamente.

    «El poder fue exitosamente transferido a un nuevo equipo de líderes cuya prioridad es preservar el sistema mientras permiten una reforma gradual», opina Julia Sweig, experta en Cuba del Consejo de Relaciones Exteriores de Washington.

    Raúl se dice abierto al ascenso de nuevas generaciones para dar continuidad a la revolución, a la discusión y autocrítica. En enero se dio un candente debate de intelectuales y la prensa local publica ahora reportes de denuncias contra irregularidades.
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