Enojado por la muerte de nuevos soldados estadounidenses, el presidente de EEUU, Donald Trump, volvió a endurecer su postura frente a Irán y aseguró que analiza avanzar hacia una "guerra total" contra el país persa. Al mismo tiempo, descartó cualquier posibilidad inmediata de retomar las negociaciones diplomáticas.
"Quieren desesperadamente una reunión. Pero no estamos interesados hasta que estén realmente preparados", afirmó el mandatario desde la Casa Blanca, durante una conferencia conjunta con el presidente del Líbano, Joseph Aoun.
Mientras continúan los ataques cruzados en Medio Oriente y, según distintas versiones, Irán bombardeó un centro de datos de Amazon en Bahréin, Trump anticipó que la respuesta militar estadounidense será todavía más contundente.
"Golpearemos cualquier instalación nuclear que intenten reconstruir", advirtió el presidente, quien además confirmó que "muy pronto" Estados Unidos concentrará su poder de fuego sobre Pickaxe Mountain (Kuh-e Kolang Gaz La), otro de los puntos estratégicos vinculados al programa nuclear iraní.
El mandatario también dejó en claro que Washington responderá si los rebeldes hutíes intentan bloquear nuevamente el mar Rojo. "Nos ocuparemos de ello", sostuvo, reafirmando su decisión de sostener una campaña militar que ya comienza a mostrar un fuerte desgaste sobre los recursos del Pentágono.
El Pentágono pide más fondos mientras crece la presión política
En paralelo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compareció por primera vez ante el Senado desde mayo para solicitar un aumento urgente del presupuesto militar.
La preocupación de la administración republicana es que el Congreso entre en el receso de verano sin aprobar un paquete extraordinario de 87.000 millones de dólares, destinado a financiar una guerra cuyo costo operativo continúa creciendo.
La discusión coloca al Partido Republicano en una situación incómoda, a poco más de 100 días de las elecciones legislativas de mitad de mandato. Los legisladores oficialistas deberán decidir si respaldan nuevos recursos para una ofensiva que, según reflejan distintas encuestas, ya no cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad estadounidense y que, además, nunca recibió una autorización formal del Congreso.
El conflicto también comenzó a reflejarse en el número de bajas. Desde el inicio de la guerra murieron 17 soldados estadounidenses y otros 100 resultaron heridos, de los cuales un centenar sufrió lesiones únicamente durante las últimas dos semanas.
A pesar de ese escenario, Trump descartó que el desgaste del conflicto pueda afectar sus expectativas electorales.
"Solo estoy tratando de hacer lo correcto", respondió al ser consultado sobre el impacto político de la guerra, en un mensaje dirigido tanto a los votantes como a los dirigentes de su propio partido.
Sin embargo, la Casa Blanca enfrenta un dilema cada vez más complejo: profundizar la ofensiva militar, con el riesgo de perder respaldo político interno, o intentar encontrar una salida diplomática antes de que el conflicto continúe escalando y aumente el costo humano y económico para Estados Unidos.