Ciudad del Vaticano - En una decisión considerada histórica, el papa Francisco eliminó ayer el secreto pontificio para las denuncias de abusos sexuales, una petición de las víctimas que garantizará mayor transparencia ante una realidad que ha desacreditado enormemente a la Iglesia católica.
El Papa abolió el secreto pontificio para casos de abuso sexual en el clero
La nueva ley determina el deber de colaborar con la Justicia y prohíbe que las víctimas sean obligadas a callar.
Jorge Bergoglio, un Papa que tuvo mucho de político y que por privilegiar la "pesca" de almas en los confines de la sociedad, le deja a su sucesor una tarea gigantesca.
Jorge Bergoglio, en el día de su 83º cumpleaños, puso fin a una de las históricas excusas sobre las que se edificó durante décadas el muro de silencio en torno de los atropellos cometidos por miembros de la institución. El Pontífice promulgó una nueva ley de cinco artículos que, entre otras cosas, liquidará el secreto pontificio -que viene impuesto desde 1972 en asuntos e investigaciones de particular gravedad- en los casos de abusos a menores por parte del clero. La nueva norma se propone eliminar el entorpecimiento deliberado en los casos de pederastia y agilizar la tramitación de las denuncias y su posible traspaso a las autoridades civiles en caso de que el país donde se hayan producido obligue a eso, tal y como sucede ya en Estados Unidos. La ley no afecta al secreto de confesión, que sigue completamente vigente también cuando ampare este tipo de delito.
“Se trata de una norma histórica que elimina obstáculos e impedimentos”, reaccionó monseñor Charles Scicluna, secretario general adjunto para la Congregación de la Fe y considerado el mayor experto de pederastia en el Vaticano.
En la “Instrucción sobre la reserva de las causas”, Francisco advierte que “no puede imponerse ninguna obligación de silencio sobre los hechos encausados al denunciante, a la persona que afirma haber sido perjudicada y a los testigos”.
Al terminar con la ley del silencio que reinó por décadas frente a la pederastia de los curas, el Papa argentino se compromete también a dar la “debida información a la víctima y a las comunidades afectadas”, explicó por su parte Andrea Tornielli, director editorial del Vaticano.
“Por los impedimentos que existían hasta este momento la víctima no tenía la oportunidad de conocer la sentencia que siguió a su denuncia, porque existía el secreto pontificio”, añadió.
Con la nueva disposición, el Papa responde a los pedidos hechos durante la inédita cumbre dedicada a los abusos sexuales y la pederastia celebrada en febrero en el Vaticano.
Tras el encuentro, Francisco divulgó en mayo un ‘Motu Proprio’, una ley que por primera vez imponía a sacerdotes, religiosos y religiosas la obligación de denunciar no sólo los casos de abuso sexual, sino también el acoso y el encubrimiento.
Para la irlandesa Marie Collins, víctima y símbolo de la lucha contra los abusos de los curas, quien renunció a un comité del Vaticano indignada por su pasividad frente a la pedofilia, se trata de una medida positiva.
“Excelente noticia”, escribió Collins en Twitter, recordando que el comité había recomendado dar ese paso: “Por fin un cambio concreto y positivo”, añadió.
Con las nuevas normas, el Papa establece también como delitos graves “la adquisición, posesión o divulgación, con fines libidinosos, de imágenes pornográficas de menores de dieciocho años por parte de un clérigo, de cualquier forma y por cualquier medio”. Hasta ahora el delito de pornografía infantil incumbía a menores de 14 años, pero la edad fue aumentada.
Los casos de abuso sexual contra menores cometidos por miembros del clero se cuentan por miles y no conocen de fronteras geográficas. Aunque no hay estadísticas completas y actualizadas, monseñor Charles Scicluna, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, anunció en febrero -durante los trabajos de la cumbre del Vaticano para la Protección de los Menores- que se está trabajando en un legajo estadístico que debería difundirse “en los próximos meses”, junto con notas de contexto.
En junio de 2009 el cardenal Claudio Hummes, prefecto para el Clero, declaró el semanario católico Vida Nueva que “la Iglesia no puede cerrar los ojos frente a los casos de pedofilia entre sus sacerdotes, que en algunas diócesis llevan a involucrar a cuatro sacerdotes cada cien”. Rectificó así lo dicho el 5 de enero de 2008 al Osservatore Romano, es decir que entre los sacerdotes “ni siquiera el 1% tiene que ver con problemas de conducta moral y sexual”.
De acuerdo con los datos de la Iglesia Católica, frente a una población promedio de unos 440.000 miembros del clero en el mundo, los clérigos culpables de abusos contra menores serían un 0,67%, y entre ellos pedófilos propiamente dichos el 0,067%.
El caso más relevante sigue siendo aún hoy el de la diócesis de Boston, planteado por la prensa a partir de 2002: 600 artículos, mil casos de niños víctimas de abusos sexuales y psicológicos, 70 curas pedófilos y un cardenal en la mira, el fallecido Bernard Francis Law, “refugiado” en el Vaticano en 2004 como arcipreste de la basílica de Santa María Mayor. El caso fue contado en el film “Spotlight”, premiado con un Oscar.

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