España anuncia acuerdo sobre Gibraltar y desbloquea cumbre crucial sobre Brexit
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Theresa May.
Acusada en su país de haber hecho una concesión más a sus socios europeos, May, que llegó a Bruselas en la víspera de la cumbre luciendo un brazalete con retratos de Frida Kahlo, dio a entender que no será tan fácil.
"La posición británica sobre la soberanía de Gibraltar no ha cambiado y no cambiará", afirmó tras reunirse con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.
Poco antes, el gobierno británico había hecho pública una carta dirigida al Consejo Europeo, tal y como exigía España, asegurando que en la futura relación "no existe ninguna obligación" sobre su "ámbito territorial", es decir sobre Gibraltar.
Madrid quería blindar en los textos negociados entre Londres y Bruselas el principio, aceptado por sus socios en abril de 2017, de que, tras el Brexit "ningún acuerdo entre la UE y Reino Unido podrá aplicarse al territorio de Gibraltar sin el acuerdo" de España.
En los últimos días, Madrid y Londres mantuvieron un pulso político sobre Gibraltar que la Comisión Europea se esforzó por desactivar para evitar un eventual aplazamiento de esta cumbre.
"Creo que finalmente hemos encontrado el mejor compromiso posible" sobre el Brexit, subrayó el jefe del Consejo Europeo, Donald Tusk, en su carta de invitación a la cumbre, asegurando a los 27 homólogos de May que han pasado "la prueba de la unidad y la solidaridad".
Aunque en términos jurídicos el visto bueno de España no era necesario según los expertos, políticamente era muy delicado porque hubiese representado una ruptura de la unidad de los 27 en el momento histórico de separarse por primera vez de uno de los miembros del bloque.
Y el tiempo apremia. Reino Unido pone fin a más de cuatro décadas de membresía dentro de cuatro meses y, para entonces, ambas partes necesitan su respectivo visto bueno para iniciar la ratificación del tratado de retirada y alejar así los temidos nubarrones de un divorcio sin acuerdo.
Theresa May logró el 14 de noviembre el aval de su gobierno al texto negociado con Bruselas por el que dimitieron varios de sus ministros, pero aún debe lograr una muy difícil mayoría en el parlamento británico, donde el malestar cunde entre sus propias filas y en la oposición.
"El Titanic viene a la mente y ahora es el momento de señalar el iceberg que está frente a nosotros", afirmó el sábado uno de sus más feroces detractores, el excanciller Boris Johson, quien dimitió el gobierno de la mandataria conservadora en julio.
En el otro bando, el ministro de Finanzas británico Philip Hammond advirtió del peligro que representa tumbar este texto en el parlamento: "Si nos fuéramos de la UE sin un acuerdo, no tengo ninguna duda de que las consecuencias para la economía británica serían muy graves".




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