24 de marzo 2006 - 00:00

España, hacia un riesgoso rediseño

Madrid - Imposible no moverse en la más áspera contradicción de sentimientos y pensamientos. Imposible no sentir la esquizofrenia de quien primero sonríe y abre los brazos y, a continuación, pega la espalda a la pared, convencido de que va a recibir, otra vez, una puñalada. Imposible no celebrar el anuncio de la banda terrorista de que se han terminado los asesinatos y no recordar al mismo tiempo que eso ya lo dijo otras veces y siempre fue mentira.

Imposible no tener en cuenta que la situación de ETA ha ido haciéndose cada vez más insostenible porque, azotados como hemos estado por el terrorismo islamista, incluso los suyos se ven incapaces de soportar un programa de más asesinatos continuados. Pero igual de imposible es no recordar que la última vez que anunció una tregua, la banda dedicó ese tiempo a rearmarse y a planificar nuevos crímenes.

De momento, lo único claro del comunicado del miércoles es la primera línea, la que dice que a partir de hoy ETA deja de matar. Pero no sabemos por cuánto tiempo y tampoco sabemos bajo qué condiciones. Luego viene la segunda parte del comunicado, donde son posibles todas las interpretaciones, dependiendo de la voluntad política de quien lo lee. Y aquí ya todo son preguntas. Esto que dicen los terroristas de que su objetivo es impulsar un proceso democrático en el que les sean «reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden» ¿significa que nos están planteando paz a cambio de autodeterminación? Porque, en ese caso, la duda la tenemos resuelta desde ahora mismo: de ninguna manera vamos a pagar el precio que llevan décadas reclamando y por el que casi 900 personas, niños incluidos, han muerto asesinadas. ¿O significa, como dicen los optimistas, que lo del derecho de autodeterminación no sólo ha desaparecido de su lenguaje, sino también de sus intenciones? Porque, en ese caso, estaríamos ante un avance y un fortalecimiento del Estado a la hora de abordar unas inevitables conversaciones con los líderes de la banda terrorista.

Esto de que, al final, los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro ¿significa que nos quieren encalmar otra vez el plan Ibarretxe, incluido aquel referéndum unilateral con el que nos amenazó el «lehendakari» durante años, o significa que, como viene dicho en la Constitución, una modificación estatutaria de las comunidades que se rigen por el artículo 151 requiere ser ratificada en referéndum en la comunidad de que se trate? Porque son dos escenarios perfectamente opuestos que el texto que conocimos, con un lenguaje ambiguo y espeso, de ningún modo aclara.

• Preguntas

Ahora mismo hay sobre la mesa demasiadas preguntas que, de momento, están sideralmente lejos de obtener respuesta.

Desde el punto de vista político, también es imposible ignorar que
la aprobación del nuevo Estatuto en el que el Parlamento ha reconocido a Cataluña como «nación» -y vamos a dejarnos de pamplinas porque eso es lo que ha ocurrido y es por lo que el nacionalismo ha batallado hasta la extenuación- ha abierto una vía clarísima a la posibilidad de abordar en la misma línea la reforma del Estatuto vasco. Lo que ha sucedido en Cataluña, que tiene una importancia extraordinaria porque la potencialidad del nuevo Estatuto es muy grande, es lo que va a suceder, previsiblemente, en el País Vasco.

Sin un anuncio constatable de que los terroristas dejaban de asesinar, resultaba imposible para el gobierno abordar el más mínimo cambio en la autonomía vasca. Con el anuncio de ETA -si es que se comprueba su cumplimiento-, lo probable es que se entre en un proceso negociador similar al abordado en Cataluña. Ahora bien: si, después de Cataluña, acaba por abordarse una reforma del Estatuto del País Vasco, que incluirá por descontado su reconocimiento como «nación» -y lo será en plenitud, puesto que ya tiene autonomía económica-,
lo que tendremos delante será nada menos que el rediseño de España, que pasará a ser un ente compuesto de «naciones» y «autonomías». Si eso sucede, habremos resucitado el viejo intento del privilegio y la diferencia, un esquema indigerible para la mayoría. Y mucho menos si ese proyecto pretende imponerse sin el acuerdo de todos.

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