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11 de marzo 2026 - 19:16

Mastellone facturó $1,8 billones y sostuvo ventas en un año desafiante para la industria láctea

La dueña de La Serenísima cerró el ejercicio con una pérdida de $65.364 millones, en un contexto de costos en alza, aunque alcanzó exportaciones cercanas a 76.000 toneladas y mantuvo su escala productiva.

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Uno de los puntos destacados del año fue el desempeño del negocio externo. Según la memoria de la compañía, Mastellone alcanzó exportaciones cercanas a 76.000 toneladas.

La firma láctea Mastellone Hermanos, una de las compañías históricas de la industria alimenticia argentina y dueña de la marca La Serenísima, atravesó durante 2025 un escenario que se repite en buena parte del sector: actividad relativamente sostenida pero márgenes cada vez más presionados. La empresa logró mantener su escala productiva y su volumen de ventas, aunque el deterioro del contexto macroeconómico terminó impactando en su resultado final.

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Según los estados contables presentados por la compañía, la firma registró ingresos por $1.887.057 millones, una cifra que confirma el tamaño de su operación dentro del negocio lácteo local. Sin embargo, el balance cerró con una pérdida neta de $65.364 millones, reflejo de un año marcado por inflación, aumento de costos productivos y un frente financiero exigente.

El contraste entre el nivel de facturación y el resultado final muestra con claridad uno de los principales desafíos de la industria alimenticia: sostener volumen ya no garantiza rentabilidad, especialmente en un mercado donde los precios al consumidor tienen límites y los costos de producción continúan escalando.

A nivel operativo, el negocio principal de la empresa logró mantenerse relativamente estable. El resultado bruto alcanzó los $535.372 millones, lo que refleja la capacidad de la compañía para sostener su generación de ingresos dentro de la cadena de valor láctea. Sin embargo, ese desempeño no fue suficiente para compensar el peso de la estructura de costos, los gastos operativos y el impacto del resultado financiero.

El balance muestra que el costo de ventas ascendió a $1.351.685 millones, absorbiendo una parte significativa de los ingresos generados durante el ejercicio. A esto se sumaron gastos de comercialización por $479.428 millones y gastos de administración por $72.539 millones, una estructura que refleja el peso logístico y comercial de una empresa que distribuye productos lácteos en todo el país y opera con una de las redes de abastecimiento más extensas del sector.

El mercado interno sigue siendo el motor del negocio

Más allá de la expansión exportadora, el negocio de Mastellone continúa fuertemente concentrado en el mercado local. Del total de ingresos registrados durante el año, $1.325.954 millones provinieron de ventas en Argentina, lo que confirma que el desempeño de la compañía sigue estrechamente ligado a la evolución del consumo interno.

En ese frente, el año mostró señales mixtas. Por un lado, el volumen de ventas en el mercado doméstico creció 1,7% interanual, un dato relevante si se tiene en cuenta que el consumo masivo atravesó meses de retracción producto de la caída del poder adquisitivo.

Este leve crecimiento estuvo asociado, en parte, a estrategias comerciales enfocadas en categorías de mayor rotación y al peso de marcas consolidadas dentro del portafolio de la empresa. La compañía logró sostener su presencia en los principales canales de comercialización, desde supermercados hasta autoservicios y comercios de cercanía.

Desde el punto de vista productivo, el informe de la compañía indica que los despachos totales alcanzaron el equivalente a 1.482 millones de litros de leche, superando los niveles registrados el año anterior. La cifra refleja la capacidad de la empresa para mantener escala industrial en un contexto desafiante para toda la cadena láctea.

Sin embargo, esa estabilidad en los volúmenes convive con una presión sobre los márgenes. En la industria láctea, donde la materia prima representa uno de los principales componentes del costo, la evolución del precio de la leche cruda y los costos logísticos tienen un impacto directo sobre la rentabilidad.

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La Serenísima es la marca emblema de Mastellone Hermanos.

Exportaciones en crecimiento y presión financiera

Uno de los puntos destacados del año fue el desempeño del negocio externo. Según la memoria de la compañía, Mastellone alcanzó exportaciones cercanas a 76.000 toneladas, impulsadas principalmente por productos industriales como leche en polvo, manteca, suero, dulce de leche y diferentes tipos de quesos.

Las ventas externas representaron $374.424 millones de los ingresos totales, consolidándose como un complemento relevante frente a la volatilidad del mercado interno. Entre los destinos más importantes se destacan Brasil, donde la empresa opera a través de su subsidiaria Leitesol, además de distintos mercados de América Latina, África y Asia.

Incluso al cierre del ejercicio la compañía contaba con contratos de exportación comprometidos hasta marzo de 2026 por unas 16.940 toneladas, por un valor estimado cercano a u$s53,3 millones, lo que anticipa continuidad en la estrategia de expansión externa.

El frente financiero terminó siendo uno de los factores que más presionó sobre el resultado del ejercicio. La compañía registró costos financieros por $34.951 millones y pérdidas por diferencias de cambio por $16.959 millones, en un contexto de volatilidad cambiaria y mayores exigencias financieras.

Ese conjunto de factores llevó a que el resultado antes de impuestos arrojara una pérdida de $51.555 millones, que luego se profundizó tras el cargo por impuesto a las ganancias.

En definitiva, el balance de Mastellone deja una lectura clara sobre el presente de la industria láctea argentina: la compañía logró sostener su escala productiva, su volumen de ventas y su presencia exportadora, pero la combinación de costos crecientes, presión financiera y un consumo interno todavía frágil terminó golpeando la rentabilidad.

De cara a los próximos meses, la evolución del negocio dependerá en gran medida de la recuperación del consumo interno, la estabilidad del frente cambiario y la capacidad del sector para recomponer márgenes, en un mercado donde el volumen sigue siendo clave, pero ya no alcanza por sí solo para garantizar resultados positivos.

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