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17 de enero 2007 - 00:00

Al fin, ¿quién ganó la guerra en el Líbano?

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Londres - Una reunión académica realizada esta semana en Londres permitió constatar cómo los hechos militares pueden ser tan controvertidos como los políticos.

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Si bien Irak y Afganistán parecen ser hoy los teatros de conflicto principales entre fuerzas occidentales y milicias fundamentalistas (ya sean talibanes, sunitas o chiitas), la reciente ofensiva israelí en el Líbano concentra la atención de los expertos, porque se supone que los éxitos relativos de Hizbollah contra el poder militar israelí son el tipo de acción que comenzarán a desarrollar dichas milicias.

Edward Luttwak es un reconocido especialista en estrategia y asuntos militares de Washington, quien es consultado frecuentemente por el Pentágono. En su opinión, Hizbollah no ha salido victorioso del reciente conflicto del Líbano.

  • Interpretaciones

  • La base de su argumento es la guerra que tuvo lugar en 1973 entre Israel y los países árabes, que generó interpretaciones similares a las de ahora respecto a que dicho país había perdido la «invulnerabilidad militar» por los resultados obtenidos en comparación con los éxitos rotundos alcanzados en la guerra de 1967.

    Sostiene que en el reciente conflicto, a nadie debería sorprender el impacto de los misiles antitanque sobre los blindados israelíes, los que pese a todo consiguieron limitar bastante las bajas. Sostiene que no es cierto que los milicianos de Hizbollah hayan luchado con más valor que los ejércitos árabes en 1973. Dice que los bombardeos israelíes, pese a su baja planificación, resultaron eficaces y que sirvieron para disuadir a Siria de involucrarse en el conflicto. Y agrega que las víctimas civiles israelíes provocadas por los misiles de Hizbollah no fueron tantas y que eso trajo una complicación: impedir una ofensiva terrestre generalizada con 45.000 hombres que hubiera sido necesaria para desarticular -no aniquilar- a Hizbollah.

    Un argumento central que plantea es que al ser Hizbollah simultáneamente una milicia guerrillera y un movimiento político, esta segunda característica le impedirá nuevos ataques en el corto plazo, los que, de acuerdo con la reciente experiencia, traerían la ruina y la destrucción a su base social.

    Ralph Peters es un ex teniente coronel del Ejército de EE.UU., reconocido en su país como uno de los mayores expertos en temas estratégicos y militares; tiene un punto de vista opuesto al de Luttwak.

    Plantea que Hizbollah ha obtenido una victoria rotunda, que ha incrementado la influencia regional de Irán, que ha dejado a Siria intacta y que ha aumentado el antisemitismo en los medios de comunicación globales y el antinorteamericanismo en el mundo musulmán.

    Caracteriza al reciente conflicto del Líbano como «debacle» de Israel, al que considera sólo el round de una guerra que continúa.

    Sus argumentos son que las fuerzas israelíes han sufrido un gran daño psicológico al continuar disparando sus misiles los milicianos de Hizbollah cuando se estableció el cese del fuego. Que en el nivel estratégico, el líder de esta organización, Hassan Nasrallah, se ha convertido en la «Gran Esperanza Arabe». Que la cantidad de sobrevivientes de Hizbollah le permite reanudar las operaciones si desea hacerlo. Que la resolución de la ONU de desarmarla es sólo una «fantasía» y el ejército libanés no tiene capacidad alguna para desamar o controlar a esta milicia.

    Pronostica que la fuerza de paz de la ONU en la cual las tropas francesas serán el eje resultará ineficaz para impedir un nuevo round de esta guerra.

    Son dos opiniones muy diferentes de dos expertos muy respetados en los EE.UU. en temas estratégicos y militares. Pero el reemplazo del jefe de las fuerzas armadas israelíes (Dan Halutz) parece decir que predomina en Israel más la visión crítica de Peters que la optimista de Luttwak.

    Es claro que no hay acuerdo entre los expertos, pero en mi opinión, para dirimir la discusión, puede resultar útil recurrir a la visión de Henry Kissinger, quien sigue siendo uno de los analistas internacionales más realistas.

    Sostiene que el balance del conflicto del Líbano debe hacerse más en términos « psicológicos y políticos» que específicamente militares.

    Reconoce que sin lugar a dudas Hizbollah ha sufrido numerosas bajas, pero que la « realidad psicológica predominante» es que esta organización permaneció intacta y que Israel no pudo (o no quiso) ni suprimir los ataques con cohetes contra su territorio ni amoldar su poderío militar a objetivos políticos capaces de proporcionar posiciones de negociación después del cese del fuego.

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