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27 de noviembre 2007 - 00:00

Bernanke ya tomó medidas. ¿Y Europa?

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Ben Bernanke
Como en agosto y setiembre, el cántaro va una vez más a la fuente. El Banco Central Europeo, el viernes, se comprometió a reforzar la liquidez con infusiones extra para contrarrestar la reaparición de tensiones en los mercados monetarios. Ayer, la Fed de Nueva York, que reconoció enfrenta «presiones crecientes», tomó la misma senda. En un comunicado especial, informó que planea conducir operaciones de pase de corte expansivo (repo) fuera de agenda. Las mismas se extenderán hasta avanzado el año próximo.

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La primera transacción se realizará mañana con expiración prevista para el 10 de enero. El monto puede parecer simbólico -8 mil millones de dólares-pero su plazo extendido -que contrasta con el giro diario usual-marca una diferencia de numerales.

Además su efecto expansivo es pleno, ya que no revierte la cancelación de pases anteriores. La Fed llevará adelante esta actividad «a lo largo del fin de año» sin un calendario establecido de antemano. Los tiempos y los volúmenes estarán dictados por el curso de los acontecimientos. La estacionalidad propia de fin de año, desde ya, no es excusa; su incidencia está contemplada en el diseño normal de un programa monetario. Es la irrupción de un escozor renovado lo que obliga a un cambio de planes.

Como en agosto, el BCE y la Fed acuden a una misma cita. La invitación les llegó por idénticos carriles. La elevación de las tasas interbancarias, el ascenso de su diferencial con respecto a las tasas libres de riesgos, son un timbre que avisa de la resurrección de los temores acerca de la salud de los bancos. Los problemas puros de iliquidez mermaron después de mediados de setiembre a caballo de la agresiva baja de tasas dispuesta por la Fed, pero, en las dos últimas semanas, se percibió una recidiva. La tasa Libor a tres meses, un termómetro clave del estado de ánimo, se ubicaba ayer 55 puntos base sobre el nivel de los «fed funds». Como regla a ojo, un desvío sostenido superior a los 15 puntos base es un marcador confiable de inconvenientes. Un año atrás, la Libor merodeaba 5,37%. Hoy reposa en 5,05%. Entre ambas fechas, la Fed recortó sus tipos en 75 puntos base. Y los mercados de futuros descuentan otras reducciones en camino. El recelo sobre los bancos -que aflora también bajo la forma de una caída del stock de sus «commercial papers»- monta una huida hacia los títulos cortos del Tesoro. Toda la curva de instrumentos estatales, hasta el plazo de los tres años, ayer ofrecía rendimientos por debajo de 3%.

  • El mismo patrón

  • En la Europa del euro y en Gran Bretaña la coyuntura reproduce el mismo patrón. Con la salvedad de que los bancos centrales no se allanaron allí a talar las tasas de referencia. En los hechos, a diferencia de lo que acontece en EE.UU., el fondeo de los bancos europeos -cuando se satisface en el mercado monetario- supone oblar costos más elevados que a fines de 2006. En Inglaterra, por ejemplo, las operaciones escalan hasta 6,2%.

    En ese marco, en dos semanas, la Fed enfrentará su última reunión del año. Todos los mensajes oficiales se ocupan de desterrar la idea de otro recorte de tasas de interés. Thomas Hoening, presidente de la Fed de Kansas City, ya votó en contra de la iniciativa en el cónclave del 30 y 31 de octubre. Sólo la mitad de los 12 gobernadores de distrito, en tal ocasión, solicitó una disminución en la tasa de descuento en clara señal de un quórum menguante para proseguir con el sendero de relajación. Pero la decisión de ayer revela que la Fed no tiene una opinión escrita en piedra. Si las inyecciones de liquidez extra no bastan para apuntalar una mejoría, a regañadientes, los «fed funds» descenderán otro peldaño.

    Más interesante es el debate sordo que, con seguridad, atraviesa al BCE y al Banco de Inglaterra. En Londres, el último encuentro se saldó con una votación 7 a 2 por dejar las cosas como están. Pero Sir John Gieve, el hombre encargado de la estabilidad financiera, dio la nota. Fue uno de los que abogaron por inaugurar el camino de una rebaja. El informe de inflación del Banco de Inglaterra, a su vez, ventiló un escenario futuro caracterizado por dos recortes de tasas en 2008.

    En el continente, por su parte, se adivina una pugna que separa posiciones. En forma tácita, la bonanza inmobiliaria es una divisoria de aguas. Los que no la vivieron -como Alemania- encarnan la línea dura. Los que hoy padecen su enfriamiento -como España- están dispuestos a suavizar las posturas.

  • Malabares

    Jean-Claude Trichet, el titular del BCE, bracea en el medio, haciendo malabares. No tocar nada le ha permitido conservar el equilibrio pero no remontar la cuesta de las penurias bancarias. Y la semana pasada las tribulaciones sacudieron las aguas de los mercados de bonos soberanos. Los diferenciales de tasas de largo plazo se encresparon. Los países endeudados -la vieja periferia mediterránea-asistieron a un salto nervioso de sus rendimientos. Los títulos italianos abrieron una brecha de 40 puntos base con sus pares germanos, mostrando una nueva bifurcación de la crisis de desconfianza.

    Dejar que la Fed intervenga, para los fines del BCE y del Banco de Inglaterra, fue un buen sustituto de la propia acción. Pero no alcanzó. Peor aun, aceleró el drástico hundimiento del dólar. Y eso no resulta gratis (mucho menos para el euro que para la libra). Si la depreciación del dólar, como dijo Trichet, ejerce una presión «brutal», entonces habrá llegado la hora de abandonar la estrategia de omisión. A esta altura, en verdad, la respuesta del BCE y del Banco de Inglaterra importa más que una rebaja solitaria de la Fed, arrancada por el tirabuzón de la fuerza mayor y dejando al dólar librado a su suerte y a la intemperie.
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