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18 de julio 2026 - 00:00

Dólar: el mercado recalcula expectativas y ya hace cuentas para el año electoral

El mercado local mantiene su sensibilidad ante cualquier movimiento del tipo de cambio, acentuando la dolarización de carteras y el estrés financiero especialmente en las instancias previas a los procesos electorales. Estos quiebres alteran los flujos de fondos y obligan a reconfigurar los puntos de equilibrio de la economía.

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El impacto final se verá recién en los meses previos a las elecciones y ya con las propuestas de las distintas fuerzas políticas arriba de la mesa. 

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El mercado local siempre está atento a los movimientos del dólar, inclusive cuando cotiza estable. Las expectativas a futuro y en especial en las previas de los procesos electorales son momentos de stress que generan cambio en los porcentajes de dolarización de carteras. Eso modifica los flujos y replantea los puntos de equilibrio.

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Este año comenzó con una perspectiva muy tranquila, pero ni bien se observó cierto movimiento en la cotización del dólar, se notaron cambios en los flujos y volúmenes crecientes de cobertura. Hacia adelante es importante entender los factores detrás de los movimientos del tipo de cambio y la manera en que esto incide en la liquidez en pesos y las tasas de interés.

A mediados de mayo se inició un proceso en Estados Unidos que tuvo fuertes implicancias para las monedas emergentes. El mercado cambió su mirada a futuro, pasando de esperar recortes de tasas de interés a un escenario base en el que la mayor probabilidad era de hasta dos subas de tasas en el año. Los fundamentos detrás de ese cambio fueron la aceleración inflacionaria (núcleo + combustibles) y un nivel de actividad interno (consumo + empleo) que hacían temer por el cumplimiento de las metas inflacionarias de la Reserva Federal. Ese escenario de fuerte probabilidad de suba de tasas se combinó con una baja en el precio del petróleo. Eso generó enseguida la percepción de tasas reales de interés más altas.

La respuesta del mercado fueron flujos crecientes hacia Estados Unidos, con fortalecimiento del dólar, caída de precios de commodities y debilidad relativa de monedas emergentes.

Desde principios de mayo, el dólar versus una canasta de 6 monedas (DXY Index) se apreció 2,9%. Esa dinámica, con una mirada más larga llega a 4,6% versus el piso del año. Esa es la dinámica de apreciación del dólar, que se ha dado en un marco de tasas medias y largas que han subido un escalón ante el sesgo más restrictivo que puede asumir la Reserva Federal en un contexto en el que la preocupación inflacionaria vuelve al centro de la escena.

La respuesta del BCRA a ese ciclo que ha presionado sobre el tipo de cambio del peso y de otras monedas regionales como el Real o el Peso Chileno. En el proceso de apreciación del DXY que se inició a principios de mayo, el Real se depreció hasta un máximo de 6,2%, el Peso Chileno 3% y el Peso Argentino 5,8%. Desde esos máximos, con cierta “corrección” del DXY, el Real devolvió 2,2%, el peso chileno siguió depreciándose y el Peso Argentino se apreció 0,5%.

Lo positivo de estos movimientos pasan por el hecho de que el tipo de cambio ha funcionado con amortiguador de los shocks externos, con dinámicas y magnitudes similares al de otras economías que comparten perfil exportador, como es el caso puntual de Brasil (soja y petróleo).

Eso nos deja claro que el movimiento de las últimas semanas se dio en parte movilizado por los cambios en el contexto internacional.

Pero hay un componente local que parece también bastante claro. Durante el ciclo de depreciación del peso, el BCRA mitigó ese shock bajando el ritmo de compras al mínimo de su compromiso esperado (USD 25 millones diarios), pero nunca lo cortó ni bajó de ahí.

En tanto cuando se dio la reversión de los últimos días la respuesta fue acelerar significativamente el promedio de compras diarias, llevándolo hasta USD 280 millones. Eso hizo que la corrección haya sido significativamente más baja que en Brasil. Dejó un piso del tipo de cambio más alto.

Este último punto es muy importante para ordenar las expectativas. Veamos algunas consideraciones que pueden quedar en la mirada del mercado:

Las expectativas del mercado

Toda esta información y movimientos que hemos analizado, son inputs que toman los inversores a la hora de armar sus propios escenarios y definir la valuación de los distintos activos financieros. Del precio de esos instrumentos y del valor relativo entre los diferentes “asset class” surgen variaciones implícitas para tipo de cambio e inflación. Esos niveles son los que igualan el rendimiento de las diferentes cláusulas de ajuste, por lo tanto, son los puntos de equilibrio o las variaciones que esperan en promedio los inversores.

Hoy la expectativa inflacionaria es de un ritmo del 19,3% anualizado hasta junio del año que viene (11 meses). Llevado a la curva dollar linked, la devaluación esperada para el mismo período es del 21,7%. Considerando la inflación internacional, eso implica un aumento del tipo de cambio real del 2% para los próximos 11 meses.

El interrogante es si esa expectativa está alineada con las implicancias que puede tener el ciclo electoral el año próximo. La historia reciente ha demostrado que esos ciclos han sido aguados y se reflejan en aumento de la dolarización, presión sobre el tipo de cambio y mayor exigencia sobre la liquidez. Eso deriva también en mayores tasas reales de interés.

Para el equipo económico, evitar ese shock es un objetivo estratégico y así viene gestionado la política monetaria, cambiaria y financiera. Esa prioridad viene quedando clara en varios frentes:

Estas decisiones buscan evitar que se repita el shock de caída en la demanda real de dinero y aumento de la dolarización de carteras de 2025. Por ahora el mercado incorpora en precios que estas medidas son parcialmente exitosas. Eso implica que no evitan que exista un shock, pero bajan significativamente la intensidad de ese proceso.

El impacto final se verá recién en los meses previos a las elecciones y ya con las propuestas de las distintas fuerzas políticas arriba de la mesa. Mientras tanto, probablemente sigamos viendo esfuerzos apuntados en esta misma dirección, buscando evitar la volatilidad cambiaria y financiera. Lo importante es que, desde los fundamentos, la oferta de dólares viene creciendo a un ritmo mayor que la demanda y ha generado excedentes. Falta ver si eso, más estos esfuerzos, son suficientes para mitigar la volatilidad electoral.

Economista jefe de Grupo ST

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