La Selección argentina volvió a convertirse en uno de los grandes fenómenos del Mundial 2026. Cada partido paralizó al país, movilizó millones de personas y volvió a instalar una pregunta que trasciende el deporte: ¿Por qué este equipo genera un nivel de identificación e interpelación tan profundo entre los argentinos?
Mucho más que fútbol: por qué la Selección argentina une al país en cada Mundial
La manera que interpela el equipo argentino a una ciudadanía pasional no encuentra una justificación concreta, pero si una explicación en la historia, la sociología y la psicología.
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La Selección argentina despierta algo más allá del fútbol.
Dar vuelta partidos como ocurrió frente a Egipto e Inglaterra, partidos sufridos hasta el final como contra Suiza y Cabo Verde, la figura de Lionel Messi a sus 39 años y la ilusión de defender el título conquistado en Qatar reforzaron un fenómeno que excede ampliamente el fútbol. Para especialistas, la respuesta combina factores históricos, sociales, culturales y psicológicos que convierten a la Selección en uno de los pocos símbolos capaces de representar un "nosotros" colectivo.
Una identidad que va mucho más allá de un equipo
Para el sociólogo e investigador del CONICET, Octavio Stacchiola, la Selección ocupa un lugar singular dentro de la sociedad argentina: "Interpela mucho más que como un equipo de fútbol. Durante un Mundial se convierte en uno de los pocos espacios capaces de construir un 'nosotros' compartido en una sociedad atravesada por fuertes divisiones políticas, económicas y sociales".
"En ese sentido, el fútbol es uno de los principales lenguajes mediante los cuales las y los argentinos imaginamos y narramos nuestra identidad nacional", explicó.
Según manifestó el investigador en diálogo con Ámbito, ese vínculo no responde únicamente a un sentimiento patriótico tradicional. "Hay una dimensión patriótica, pero se trata sobre todo de un patriotismo popular y festivo", sostuvo.
En esa línea, remarcó que la identificación con el seleccionado puede convivir con fuertes diferencias políticas o sociales y existe a pesar de las mismas. "Perfectamente ese sentimiento que provoca la selección puede convivir con fuertes críticas al Estado, a la situación económica y social del país y al gobierno de Milei. La identificación es con una comunidad imaginada antes que con las instituciones políticas", señaló.
Una identidad que también se aprende
Desde la psicología, por su parte, el fenómeno también tiene una explicación que va mucho más allá del deporte. El psicólogo Ignacio Suárez explicó a Ámbito que el vínculo con la camiseta argentina comienza a construirse desde la infancia mediante un proceso de aprendizaje.
"Creo que la selección interpela tanto a los argentinos porque representa mucho más que un equipo de fútbol. Desde la psicología, y particularmente desde el conductismo, el aprendizaje no consiste solo en adquirir conocimientos de manera consciente, sino también en incorporar formas de sentir, actuar y valorar a partir de la experiencia propia, de la observación de los demás y de la transmisión cultural entre generaciones", indicó.
En ese recorrido aparecen los relatos familiares, las imágenes de los grandes Mundiales y figuras como Diego Maradona y Lionel Messi: "Desde chicos aprendemos qué representa la camiseta argentina, escuchamos relatos familiares, vemos partidos con nuestros padres o abuelos, conocemos historias como Malvinas, el Mundial del 86, las finales perdidas y luego la consagración de Messi".
"Todo eso va construyendo asociaciones emocionales muy fuertes. La Selección termina funcionando como un símbolo de una historia compartida", afirmó el licenciado.
El Mundial como espacio de encuentro
Cada Copa del Mundo transforma a la Selección en un fenómeno social capaz de reunir personas de distintas edades, ideologías y clases sociales. Para Stacchiola, ese efecto se profundiza especialmente cuando el país atraviesa momentos difíciles.
"En contextos de crisis, esa identificación suele intensificarse. No porque el fútbol haga olvidar los problemas, sino porque ofrece una experiencia colectiva de alegría y orgullo cuando escasean los motivos de encuentro", explicó.
El especialista agregó que el seleccionado funciona como un escenario donde distintos sectores proyectan sus propias expectativas sobre el país. Es decir, no es solo un escenario de representatividad, también de anhelos.
"En definitiva la fuerza de la selección no reside en representar una identidad nacional homogénea (que en realidad no existe) sino en ofrecer un escenario en donde distintos sectores sociales proyectan expectativas, frustraciones y sentidos sobre el país", sostuvo.
Por su parte, el psicólogo remarcó: "Los contextos de crisis potencian este fenómeno. En un país que lleva décadas atravesando dificultades económicas, sociales y políticas, el fútbol aparece como uno de los pocos espacios capaces de generar una emoción colectiva positiva".
"Durante noventa minutos desaparecen muchas diferencias y millones de personas experimentan la sensación de formar parte de algo más grande que ellas mismas. Esa vivencia compartida tiene un enorme valor psicológico, porque fortalece el sentido de pertenencia y genera una experiencia de unión que pocas actividades logran producir con tanta intensidad", agregó.
La resiliencia como parte del ADN futbolero
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante el Mundial 2026 fue la capacidad del equipo de Lionel Scaloni para revertir partidos que parecían perdidos. Para Ignacio Suárez, ese comportamiento también puede entenderse desde la psicología del aprendizaje.
"Creo que este Mundial ofrece un ejemplo muy interesante de ese proceso. Argentina ganó varios partidos sobre el final o logró revertir situaciones muy adversas. Contra Egipto dio vuelta un 0-2 en los últimos minutos, frente a Suiza terminó imponiéndose en el tiempo suplementario, contra Inglaterra volvió a revertir el resultado en el cierre del partido", recordó.
Según explicó, esas experiencias fortalecen la confianza colectiva. "Cuando un equipo comprueba reiteradamente que puede sobreponerse a situaciones difíciles, es esperable que enfrente la siguiente adversidad de una manera diferente", señaló.
Para el especialista, la confianza no es una característica innata, sino el resultado de una historia de éxitos acumulados: "Confiar significa haber aprendido, a partir de la propia experiencia, que uno dispone de los recursos necesarios para afrontar determinadas situaciones. Mirar hacia atrás y recordar que el equipo ya logró revertir escenarios similares modifica inevitablemente la manera en que enfrenta el siguiente desafío", explicó.
"Muchas veces se habla de la confianza como si fuera una cualidad que una persona simplemente tiene o no tiene. Desde la psicología del aprendizaje, en cambio, la confianza puede entenderse como el resultado de una historia de experiencias exitosas. No es una especie de fuerza interior independiente del contexto", reforzó.
Pero la resiliencia también puede observarse en la historia misma de la Selección, donde hubo que perder tres finales consecutivas para luego levantarse y ganar cuatro finales al hilo, correspondientes a dos Copa América, una Finalissima y ni más ni menos que un Mundial.
Esto también genera una fuerte identificación, ya que más allá del contagio, trasluce un sentimiento tan amplio como el de ser un país tercermundista y llegar a la cima a pesar de todo, superando obstáculos cotidianos y compitiendo con las más grandes potencias, incluso muchas de ellas acrecentadas a base de colonialismos. El trabajo, el día a día y la resiliencia cuando todo parece perdido, cuando la alegría pareciera ser lejana.
La importancia de tener a Maradona y a Messi
La identificación con la Selección también encuentra dos figuras centrales que marcaron distintas generaciones. Diego Maradona trascendió el fútbol para convertirse en un símbolo cultural capaz de condensar las contradicciones, las alegrías y las frustraciones de la sociedad argentina. Su actuación frente a Inglaterra en el Mundial de 1986, a solo cuatro años de la Guerra de Malvinas, adquirió un significado que fue mucho más allá del resultado deportivo.
Para el licenciado Ignacio Suárez, quel histórico encuentro "terminó adquiriendo para muchos un sentido de revancha deportiva". De esta forma, destacó: "Es esperable que toda esa historia compartida otorgue a este tipo de partidos una carga emocional distinta a la de cualquier otro encuentro. Esa activación emocional puede jugar en contra, aumentando la ansiedad y la presión, o puede jugar a favor, potenciando la motivación y el compromiso. En este Mundial, me da la impresión de que ocurrió más bien lo segundo".
En ese sentido, Stacchiola explicó que algunos encuentros despiertan la memoria con momento de historias profundamente arraigadas. "Aparecen elementos épicos y, en algunos casos, bélicos. El fútbol está atravesado por metáforas de combate y ciertos partidos, como los que enfrenta a Inglaterra, reactivan memorias históricas como Malvinas", sostuvo.
Suárez coincidió en que esa carga simbólica sigue presente: "Respecto de los tintes bélicos, creo que sí existe una influencia. La historia de cada nación, y la manera en que esa historia es transmitida de generación en generación, moldea la forma en que las personas viven determinados acontecimientos deportivos", explicó.
No obstante, ambos especialistas remarcaron que el ciclo liderado por Scaloni construyó un relato diferente. "El ciclo de la Selección de Scaloni te diría que está marcado principalmente por un relato de esfuerzo, humildad, bajo perfil y perseverancia", afirmó Stacchiola y destacó el sobreponerse a situaciones adversas.
Quizás esto último, algo más similar a lo que exhibe Lionel Messi en un contexto distinto. Mientras que Maradona, más allá del futbolista, fue un representante político y social, desde sus combates contra el poder hasta la ejemplificación de cómo un niño que nació en la pobreza absoluta, llegó a la gloria deportiva máxima, pero sin olvidarse jamás de sus orígenes. Ambos, representando dos grandes facetas del gen argentino.
El cancionero y el nuevo vínculo con la gente
Otro elemento que refleja este fenómeno es el crecimiento del repertorio de canciones que acompañan al seleccionado. Para Suárez, desde el Mundial de Brasil 2014 comenzó a consolidarse una nueva forma de identificación colectiva que alcanzó su punto máximo con "Muchachos" durante Qatar 2022 y continúa en este Mundial.
"Canciones como las de 'Brasil, decime que se siente...' y 'Muchachos...' durante el Mundial de Qatar o las que hoy acompañan este nuevo proceso, reflejan un nivel de identificación y participación distinto", afirmó.
El especialista explicó que ese repertorio cumple una función social que trasciende el aliento. "Más allá de quién haya compuesto originalmente cada una de ellas, lo interesante es cómo millones de personas las hicieron propias y comenzaron a utilizarlas como una forma de expresar pertenencia", señaló.
Y agregó: "En ese sentido, el cancionero funciona también como un indicador del vínculo emocional que hoy existe entre la gente y esta Selección. No se trata solo de alentar durante un partido, sino de construir colectivamente una identidad alrededor del equipo".
Mucho más que noventa minutos
La combinación entre identidad, memoria, aprendizaje, pertenencia y emoción explica por qué cada partido de la Selección argentina moviliza a millones de personas dentro y fuera del país.
Como resumió Ignacio Suárez, "aunque muchas veces se diga que 'es solo fútbol', para muchísimos argentinos representa mucho más que un deporte. Es un espacio donde se expresan la identidad, la pertenencia, la memoria colectiva y valores como la perseverancia, la solidaridad y la capacidad de sobreponerse a las adversidades. Desde la psicología, todos esos valores también se aprenden".
En un Mundial 2026 en el que Argentina volvió a ocupar el centro de la escena y se transformó en uno de los equipos más observados, tanto por admiración como por el deseo de muchos rivales de verla perder, la Selección volvió a demostrar que su impacto excede ampliamente el resultado de un partido. Para millones de argentinos representa, al mismo tiempo, una historia compartida, una forma de entender el país y uno de los pocos espacios capaces de reunir, aunque sea por noventa minutos, a una sociedad atravesada por profundas diferencias.







