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Al contrario, todos los momentos de dólar fuerte han resultado demasiado exigentes para nuestros gobiernos y condujeron inevitablemente a crisis profundas y terminales. El éxito argentino de estos dos últimos años le debe prácticamente todo a la referida decisión del ahora reelecto presidente norteamericano.
Es probable que las continuas subas de la tasa de interés de la Reserva Federal de los EE.UU. terminen por apreciar nuevamente el dólar. Es cierto que esto no tiene por qué notarse necesariamente este año y tal vez ocurra recién el próximo o más adelante aún, a juzgar por el consenso de los analistas internacionales. Pero si ocurre, no deberíamos estar desprevenidos.
De las decenas de planes económicos que intentaron controlar la inflación en las últimas tres décadas, los únicos que tuvieron éxito fueron la tablita de Martínez de Hoz (1976-1980), el plan austral de Sourrouille (1985-1988), la convertibilidad de Cavallo (1991-2001) y el todavía anónimo modelo devaluador productivista de Lavagna (2002-actualidad). Excepto la convertibilidad, los otros tres planes exitosos coincidieron con períodos de fortísima depreciación del dólar (la medimos respecto del oro, como la inversa del precio de la onza Troy en dólares). La tablita se benefició gracias a una fenomenal pérdida de valor del dólar de 83%, entre octubre de 1976 y enero de 1980. El austral debió haber agradecido una pérdida de 38%, entre enero de 1985 y diciembre de 1987, y el modelo devaluador productivista ya lleva el beneficio de una depreciación del dólar de 41% desde abril de 2001 a la fecha.
Hoy ya resulta evidente que si a fines de 2001 hubiésemos sabido a ciencia cierta que el dólar se encaminaba a perder 40% de su valor, no habría habido necesidad de devaluar 70% nuestra moneda frente al dólar como lo hicimos. Medido en oro, el valor del peso es hoy mucho menor aún: apenas 21% de lo que era en 2001. Una depreciación así la habrían juzgado innecesaria hasta los argentinos más productivistas, heterodoxos y críticos de la convertibilidad. Cuando se aplicó el remedio con todo rigor, la enfermedad estaba a punto de curarse sola.
Los cuatro planes mencionados, incluso la actual «neoconvertibilidad 3 a 1» vigente desde hace 2 años, deben su éxito antiinflacionario a algún tipo de fijación cambiaria del peso con el dólar.
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