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3 de octubre 2008 - 00:00

Europa, EE.UU. y la Argentina con Plan C

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Mientras los gobiernos de los Estados Unidos y de la Unión Europea tratan de armar su Plan C, destinado a recobrar la confianza de los banqueros entre sí y la de los inversores hacia el mercado de capitales global, el argentino arma su propio Plan C. Es para poder obtener con el canje de parte de la deuda que vence entre 2009 y 2011, los fondos necesarios para financiar la campaña electoral del próximo año con el menor ajuste posible y «preparar el terreno» para la campaña de 2011. (Recuerdo una frase que me dijo el, ahora homenajeado, ex presidente Alfonsín, allá por 1986: «No se confunda m'hijito, para un político todos los días son días electorales»).

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Empiezo por el Plan C de Bush. Ya expliqué larga y tediosamente, desde estas líneas, lo que pasó en el mercado de capitales global. Sólo un párrafo para insistir en lo difícil que resulta frenar una « corrida contra los activos financieros». Me explico: los bancos centrales con reputación están preparados para parar una corrida de los depositantes. Un depositante asustado, que tiene un plazo fijo contra un banco, en medio de una crisis sistémica -en la cual todos los bancos son percibidos como igual de insolventes-, corre al banco a buscar su dinero. Lo para en la puerta mi amigo Ben Shalom Bernanke -¡Que cena de Rosh Ashaná que tuvo el pobre!- y le dice: «No te preocupes, yo te garantizo que la plata la vas a tener, volvete a casa». Y el hombre mira el plazo fijo, que no pierde valor nominal, lo mira a Ben a los ojos y se vuelve a su casa relativamente tranquilo. ¿Por qué? Porque confía en que la Reserva Federal no le va a licuar el valor real de su depósito y porque en términos nominales el valor de su depósito no cambia.

Repitamos, ahora, la escena con un tenedor de activos contra un banco, no de un depósito. El hombre corre al mercado de capitales a vender su acción del banco, o su deuda contra ese banco. O es otro banco que «corre» a realizar su préstamo a otro banco. Allí aparece, en la puerta, el amigo Ben, acompañado de mi tocayo Paulson -el secretario del Tesoro- y a coro le dicen: «Quedate tranquilo, vamos a comprarle a este banco todos los activos en problemas que tenga a cierto valor y, además, le vamos a dejar contabilizar lo que les quede, si no lo venden, al mismo valor al que vamos a comprar esos activos al resto». El inversor los mira a los ojos a los dos y les pregunta: «¿Y a qué valor lo van a comprar?. ¿Y cuántos activos 'tóxicos' tiene este banco? ¿Y cuánto va a valer este banco una vez que lo rescaten? ¿Y cuánto capital hace falta para todo esto? ¿Y alcanza con lo que tienen autorizado y disponible? ¿Y cuánto van a licuar mis tenencias? ¿Cuál es el piso del valor de los activos?». Y allí Henry y Ben, cruzando los dedos por detrás de su espalda, responden a todas estas preguntas «adivinando» las respuestas. El resultado, el hombre les cree o no.

  • Urgencias

  • Por eso es tan difícil ponerle piso a esta crisis. Porque depende de un montón de variables absolutamente indefinidas en este momento. Sólo se sabe que lo que sea, hay que hacerlo rápido. Y que no hacer nada y dejar caer más el sistema puede tener costos aún mayores para el contribuyente norteamericano y para la economía global, porque no sólo va a tener que terminar pagando el salvataje, sino también sufrir una recesión aún mayor y más duradera que la que se viene. Pero, obviamente, estamos a un mes de las elecciones y algunos dicen: «No compren activos, capitalicen los bancos». Otros dicen: «La compra es insuficiente, no alcanza». Y todavía quedan algunos que, pese a lo arriba expuesto, prefieren «que los dejen caer a todos, así aprenden». Lo interesante es que los mismos políticos que hoy critican «los malos préstamos» y «las malas regulaciones» son los que, en su momento, votaron y/o aplaudieron el «aflojamiento» de esas regulaciones para que los bancos «les presten a todos y no a los que tienen». Al igual que los políticos de aquí, que inventan subsidios y « programas de préstamos» con menores exigencias para los candidatos a recibir créditos y la sociedad los aplaude y vota. Y después se quejan cuando hay que salir a rescatar a los bancos, en especial públicos, porque prestaron sin las garantías adecuadas. Lo segundo muy importante, como ya comenté en su oportunidad, es que estos salvatajes en los Estados Unidos terminan costando menos de lo que se dice, porque la gente que huye de los bancos compra bonos del Tesoro americano y dólares, y lo único que hace el gobierno, por ahora, es «reciclar» esos fondos, que capta a tasa cero, para recomprar activos en problemas. La solución definitiva todavía está lejos, pero todas las medidas tratan de ponerle un piso a la caída de los activos y una recuperación de la confianza en el sistema interbancario global.

    De todas maneras, el resultado final será menos crédito, menos nivel de actividad y ajuste global. Con fuertes influencias negativas en la región y sobre los precios de nuestros productos de exportación agrícola y las cantidades de nuestras exportaciones industriales.

    Y esto me lleva al Plan C local. La clave, como siempre, pasa por la solvencia fiscal. El principal factor de «huida» del mercado de capitales local. Los ingresos del Estado dependen de la tasa de inflación, de los precios de la soja y del nivel de actividad. El «efecto riqueza negativo» sobre el stock de nuestros ahorros -que están, en su mayoría, fuera de la Argentina- y la caída o freno de nuestros ingresos por exportaciones desaceleran el crecimiento y por ende la recaudación impositiva y la tasa de inflación -que incrementa los ingresos nominales-. Por lo tanto, los ingresos públicos aumentarán menos el año próximo. Los gastos, por su parte, son jubilaciones -que crecen en torno a 15%- 20% por «movilidad»-, salarios, obra pública, transferencias a provincias, subsidios y pagos de los servicios de la deuda. En la medida en que el canje sea exitoso, habrá que pagar menos servicios de la deuda y «sobrarán» más fondos para el gasto electoral de 2009. El ajuste, en todo caso, se hará primero en subsidios -total la mayoría de los perceptores de subsidios son «votos opositores»- y luego en provincias «enemigas» o con poca influencia electoral. Por lo tanto, el Plan C local busca favorecer el canje del Préstamo Garantizado, conseguir fondos frescos «de afuera» y « minimizar» los fondos frescos a buscar «adentro», de manera de conseguir más recursos para clientelismo, obra pública y transferencias a provincias. Obviamente, cuanto más caigan los precios de los commodities o las cantidades exportadas, menos margen de maniobra para gasto interno habrá.

    Así están las cosas, entonces: un mundo buscándole piso al desarme de la « palanca crediticia» de estos años, tratando de frenar la liquidación desordenada de activos y minimizar la recesión global. Y una economía local que se desacelera «justo» en un año electoral.

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