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28 de agosto 2008 - 00:00

Inimaginado: EE.UU. depende de garantías de los depósitos

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La radiografía más exhaustiva y reciente del sistema bancario de los EE.UU. revela que -pese a los grandes destrozos que provoca el vendaval hipotecariola rentabilidad del conjunto se aferra a un balance magro pero todavía positivo. Los bancos escrutados -aquel universo que tiene acceso al régimen federal de seguro de los depósitos de la FDIC-ganaron 5 mil millones de dólares en los tres meses de abril a junio, pese a tomar 50 mil millones de dólares en provisiones por malos préstamos. Se trata de una migaja: apenas 0,15% de los activos bajo control (y 1,46% del patrimonio neto).

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Un año atrás -y antes que la crisis irrumpiera de lleno-las utilidades habían sumado 36.800 millones (ya entonces por debajo del récord, para el segundo trimestre, de 38 mil millones alcanzado en 2006). Los 5 mil millones de beneficios empalidecen también cuando se los compara con los 19.300 millones registrados de enero a marzo pero, al menos, se ubican por encima del escalón más bajo: los irrisorios 600 millones del cuarto trimestre del año pasado. Así, las cifras constituyen el segundo peor registro desde la recesión de 1991. Quien examine la susodicha radiografía a trasluz no encontrará muchas señales de aliento. La mitad de las instituciones redujo sus niveles de ganancias y casi una de cada cinco sufrió pérdidas netas. Si la política agresiva de provisiones cuenta como punto a favor, la gravedad de la crisis relativiza su contribución. En efecto, se constituyeron provisiones por 23.800 millones de dólares en exceso sobre los cargos por malos préstamos reconocidos en el período. De su mano, las reservas para cubrir futuros quebrantos crediticios subieron 23.100 millones. Pero -por noveno trimestre consecutivo-la cartera en mora trepó mucho más a prisa. Los atrasos se elevaron en 26.700 millones, totalizando 162 mil millones de dólares a fin de junio. Por cada dólar de préstamos en situación irregular, el sistema atesoraba 1,59 en reservas en 2006 y 1,20 en 2007. Ahora esa relación cayó a 88,5 centavos, el menor umbral de protección desde 1993.

La erosión por la crisis sepultó a doce bancos desde que sus estertores estallaran el año pasado. Nueve sucumbieron a lo largo de 2008. Cinco de ellos cayeron desde el 11 de julio. El último -el diminuto Columbian Bank, de Topeka, Kansas-capotó este fin de semana. La FDIC -la corporación federal que paga la cuenta de los depositantes asegurados y comparte con los que no lo están el recupero por la venta de activosdescarta que deberá trabajar a destajo en los meses venideros. El inventario oficial de entidades en problemas -un listado que se revisa cada tres mesesse engrosó de 90 miembros a 117 (con activos por 78 mil millones de dólares). Sin embargo, esta nómina no es taxativa. El trofeo más importante que se cobró la crisis -el banco hipotecario IndyMac de California-se hundió sin tener la delicadeza de tramitar antes su incorporación.

  • Cobertura

  • Para hacer frente a las adversidades, la FDIC cuenta con un fondo de cobertura que se nutre de las primas de seguro que oblan las propias entidades que supervisa. Las vicisitudes recientes -la citada seguidilla de tropiezos-aceleró, por cierto, el drenaje de recursos. La envergadura del fondo se redujo en 7.600 millones de dólares en el segundo trimestre a 45.200 millones. Su magnitud presente cubre 1,01% de los depósitos asegurados frente a un ratio de 1,22 en 2007 y, por ejemplo, 1,29 durante la recesión de 2001. Y no cabe esperar que el declive se detenga en el corto plazo.

    Lejos de ocultar la tendencia previsible, la FDIC ya manifestó una visión realista. Las primas del seguro se ajustarán en alza en octubre. Pero aun ello puede resultar insuficiente. Su titular, Sheila Bair, adelantó que, de ser necesario, utilizará las líneas de crédito del Tesoro para hacer frente a los eventuales compromisos, sin que importe cuán abultados sean. No será la primera vez que ocurra. En 1991 el fondo de cobertura registró saldo negativo -6.900 millones de dólares-, cortesía de una avalancha de bancos fallidos que forzó desembolsos mayúsculos (382 instituciones cerraron sus puertas en 1990 y 271 el año siguiente).

    Precisamente, el único terreno en el que la crisis financiera actual no rivaliza aún con los temblores de 1990-1991 es en la ( todavía) muy benigna contabilidad de víctimas fatales.

    Las palabras de Sheila Bair podrían parecer, a primera vista, imprudentes pero, sin dudas, no son inocentes. La misma radiografía que permite contarle las costillas a la rentabilidad de los bancos aporta datos fehacientes sobre los depositantes y su creciente sensibilidad. Los depósitos captados en el mercado doméstico de los EE.UU. cayeron en el segundo trimestre en 39.800 millones de dólares (el retroceso más pronunciado desde 1999). Las imposiciones locales habían crecido con fuerza en los dos trimestres previos, sumando 329 mil millones. El giro abrupto encarna, por lo tanto, un sutil llamado de atención. Las colocaciones mayores a 100 mil dólares (por ende, en general, fuera de la cobertura del seguro) cayeron en 69 mil millones. Las de menor monto aumentaron en 13 mil millones. Todo sugiere que, por primera vez en años, el seguro de los depósitos juega un rol de decisiva importancia. Es verdad que los depósitos captados por la banca de los EE.UU. en el exterior permitieron un leve aumento de las colocaciones totales -en 6.900 millones de dólares-, pero sería un error pasar por alto el mensaje de desconfianza. Y es comprensible que la FDIC no dude en atacar ese frente de cuajo.

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