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19 de marzo 2007 - 00:00

Se complica más el gobierno para seguir creciendo

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Durante 2006, el crecimiento de la economía estuvo impulsado por el consumo. En 2007 es de esperar que esta tendencia se fortalezca, debido a que estamos un año electoral. En este esquema, la inflación podría convertirse en un problema creciente y la peor forma de resolverlo es distorsionar aun más los precios relativos, porque de ello dependen las señales para la inversión, el crecimiento y la creación de puestos de trabajo.

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Hasta ahora, los acuerdos de precios han logrado reducir la inflación, pero a medida que pasa el tiempo su efectividad desaparece e insistir por este camino puede ser contraproducente. Durante 2006, permitieron que la inflación que mide el IPC bajara de 12,3% a 9,8% en 2006. Sin embargo, como aclara el dicho, no existen almuerzos gratis y ésta no es la excepción. El costo que tuvieron los acuerdos de precios fue la exaltación del consumo y el desincentivo de la inversión.

Durante el año pasado, la tasa de expansión mensual del consumo minorista pasó de 0,6% a 1,1% medido por la serie de ciclo-tendencia, mientras que el crecimiento de la inversión según el índice IBIM-OJF pasó de 1,1% a 0,1% en el mismo período. Este hecho está vinculado tanto con los acuerdos de precios como con el congelamiento de tarifas.

Cualquier manual de microeconomía enseña cómo la fijación de precios por debajo del equilibrio lleva a la escasez. Cuando el valor relativo de algún bien es artificialmente congelado en un nivel bajo, los consumidores deciden adquirirlo en mayor cantidad y los abastecedores, producir menos. Este proceso que describen los manuales, en la realidad no se produce instantáneamente, pero tarde o temprano se da.

El caso de la energía es un buen ejemplo. El precio de la electricidad para los consumidores no industriales cayó, no porque haya un exceso de oferta, sino porque el precio está congelado desde 2002, mientras la inflación general de la economía fue de 92,6%. Esto desincentiva la inversión e incentiva el consumo energético.

Durante 2006, el consumo de energía eléctrica aumentó 8,6%, pero la potencia instalada de generación sólo creció 1,6% y esto último se debió al aumento de la cota en Yacyretá. Los acuerdos de precios, aunque algo más flexibles, extendieron este proceso al resto de la economía. Esto, junto con el aumento de 65% en el crédito destinado al consumo provocado por tasas de interés reales negativas, el alza de 19% en los salarios y una suba de 25% en el gasto corriente de la Nación y de las provincias provocaron una aceleración del consumo. Mientras que la falta de certidumbre y las distorsiones de precios relativos llevaron a la desaceleración de la inversión.

  • Presiones en aumento

    Si ésta se frena y el consumo crece, lo cierto es que habrá una demanda de bienes muy superior a la capacidad que tiene el país para producirlos. Como consecuencia, suben los precios y aumentan las importaciones de bienes para el consumo que, dicho sea de paso, subieron 21% en términos reales durante el año pasado. De seguir profundizando este tipo de políticas distorsivas, que ahora vienen acompañadas de subsidios, las presiones inflacionarias seguirán aumentando y el crecimiento económico será más difícil de sostener.

    En 2007 las perspectivas continúan siendo buenas: la recaudación crece a 26%, el superávit primario de la Nación es de 3,5% del PBI, el superávit comercial fue de u$s 12.400 millones en 2006 y la coyuntura mundial sigue siendo positiva. Sería bueno aprovechar todo esto e ir pensando en el bicentenario.

    (*) Economista jefe de Orlando Ferreres y Asociados
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