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23 de agosto 2004 - 00:00

Se crean más pobres con los impuestos al trabajo

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La aparente prosperidad que se vive contrasta con los hechos objetivos de que se mantiene el default de la deuda, el colapso del sistema financiero y también la mayoría de las políticas económicas (las buenas y las malas) que prevalecieron en gobiernos anteriores. El dólar alto tiene a muchos contentos (y a varios millones más pobres que antes), pero pocos entienden cuáles son los factores que lo causan y mucho menos saben cuánto va a durar. Los nuevos ricos disfrutan y los viejos ricos se callan. Las demandas judiciales crecen a una velocidad similar que las reservas del BCRA.

Interpretar la situación es una pesadilla para un economista, lo cual probablemente ponga contentos a muchos, ya que últimamente no somos precisamente populares.



El gobierno y medios adictos se ufanan de que no hay oposición política a esta aparente situación de felicidad. Y probablemente así sea: ¿qué sentido práctico tiene desairar a las amplias mayorías que quieren creer que el emperador está bien vestido?

Sin embargo la situación de monopolio del poder no es estable ni placentera. No existe una oposición política organizada desde la derecha, pero sí existe una oposición potencial y virulenta proveniente de las amplias mayorías de pobres e indigentes que están rápidamente abandonando el patronazgo de los políticos tradicionales. ¡Otros eran los días en que los votos se conseguían con empanadas, o con $ 50 o, incluso, con elegantes zapatillas deportivas¡ Ahora sólo se puede comprar una «paz» temporaria a cambio de fortunas en planes sociales otorgados a bandas piqueteras anárquicas.

El tema del día es la discusión entre el ministro Fernández y Castells sobre si los piqueteros quieren o no trabajar. Creo que los líderes piqueteros no quieren trabajar sino mandar, pero estoy convencido de que sus partidarios rápidamente los abandonarían si tuvieran la oportunidad de obtener un empleo estable y digno.
Lamentablemente esto no es posible ya que el gobierne favorece la política de financiarse con enormes impuestos el empleo en blanco. Enfatizo: la culpa de la falta de trabajo en blanco la tienen los impuestos al trabajo y otras regulaciones al mercado laboral, como la doble (hoy 1.8) indemnización. El empleo en negro sólo genera salarios bien por debajo del nivel de pobreza ya que los establecimientos ilegales carecen de la escala, tecnología e inversión como para ser competitivos.

Mi visón no es la que prevalece hoy en gobierno: allí se cree que la solución al empleo en negro es fiscalizar más a las empresas para que tengan a todos en blanco. El resultado es que cada vez hay menos empresas fiscalizables y más microempresas y changuistas en negro. ¡El problema son los impuestos altos!

Hoy la Argentina es más dependiente que nunca de los sectores exportadores de rentas: los impuestos a la exportación son necesarios para mitigar la pobreza creada por los impuestos al trabajo.

El problema de la pobreza inducida desde el Estado a través del sistema impositivo y regulatorio es probablemente el más acuciante que enfrenta nuestra sociedad. Es sorprendente la falta de ideas concretas sobre cómo salir de este laberinto. Hay que vestir al emperador con ideas fuerza: convencerlo de que los piqueteros quieren desesperadamente trabajar pero que las políticas laborales actuales no los dejan. Elimine los impuestos y regulaciones al empleo, respete la propiedad privada, y verá cómo por arte de magia se crean millones de nuevos puestos de trabajo, en blanco y con salarios dignos.

Hay muchos que piensan al revés y a veces logran imponer sus ideas. Esto nos llevó a una situación en la que se dificulta desemplear a los que ya están y se fuerza a pagarles más por decreto. Ahora se pretende además llamar a paritarias para discutir salarios cuando uno de los grupos es rehén del otro debido a la doble indemnización. El Estado prácticamente ha desplazado a los empresarios en la toma de decisiones respecto de empleo y salarios. Es difícil suponer que un régimen de estas características pueda ser compatible con la creación de nuevas empresas o emprendimientos productivos eficientes.



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