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6 de marzo 2007 - 00:00

Se elige mejor en elecciones desdobladas

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El proceso electoral argentino tiene características propias del sistema federal de gobierno. Se eligen las autoridades del gobierno federal separadamente de las de los gobiernos provinciales. No existe ninguna disposición constitucional federal que establezca que esas elecciones deban ser simultáneas, y por supuesto, no existe ninguna obligación por parte de las provincias de hacer coincidir las fechas.

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En los antecedentes históricos de los períodos constitucionales a partir de la Ley Sáenz Peña, entre 1912 y 1930, entre 1933 y 1943, entre 1946 y 1955, entre 1958 y 1962, entre 1963 y 1966, entre 1973 y 1976, y a partir de 1983 abundan los antecedentes de elecciones de autoridades federales y de las de algunas provincias en fechas distintas, lo que se conoce como desdoblamiento electoral.

Existe en la opinión pública la sensación de que lo normal son las elecciones simultáneas, originada en las lamentablemente reiteradas «normalizaciones institucionales» con las cuales concluían los períodos de facto, después de los golpes de Estado (1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1976) que por razones obvias convocaban en el mismo día todas las elecciones federales, provinciales y municipales.

En algunas constituciones provinciales existen mecanismos o disposiciones que impiden la realización simultánea de las elecciones de autoridades con las del gobierno federal (casos de la Capital Federal y la provincia de Santa Fe).

Cuando no existen impedimentos legales para la realización simultánea de las elecciones, entran a jugar las consideraciones y conveniencias políticas de los gobernadores provinciales, en cabeza de los cuales, en la inmensa mayoría de los casos, los estatutos constitucionales locales ponen la decisión de los calendarios electorales. Y pesan también las consideraciones de conveniencia política del gobierno federal, y la evaluación final de los intereses políticos compartidos entre los ejecutivos provinciales y el federal.

Desde un punto de vista de práctica democrática y federal, el que las elecciones provinciales se despeguen de los procesos nacionales permite que aquéllos no se contaminen del debate nacional y permitan elegir autoridades locales que deban competir con consignas locales y programas locales, beneficiándose de un debate específico; especialmente cuando la práctica tradicionalen países como el nuestroes demostrativa de que el debate nacional opaca y oculta, en muchas circunstancias, los complejos problemas locales. Realidad distinta la de otros países federales como los Estados Unidos de Norteamérica, donde la solidez institucional, ininterrumpida por más de doscientos años, y fortaleza de las autonomías estatales tanto institucionales como económicas, permiten sin peligro un ejercicio simultáneo de los procesos electivos.

En nuestro país el juego de acople y desacople de las elecciones se desarrolla de acuerdo con un sistema de conveniencias, acordadas o no, entre el Poder Ejecutivo Nacional y los ejecutivos provinciales, que varía en cada circunstancia.

  • Triunfalismo

    En el caso del Poder Ejecutivo Nacional, el partido oficialista puede querer que se fijen con antelación a la elección nacional general y a la de la mayoría de las provinciales algunas elecciones piloto en distritos en los cuales tenga triunfos asegurados, con el objeto de crear una sensación de triunfalismo en la opinión pública que se traduzca en el siguiente acto electoral nacional.

    En cuanto a los ejecutivos provinciales, muchas veces desean evitar el efecto arrastre de los candidatos nacionales, ya sea porque prevean la derrota del candidato nacional al que se encuentran políticamente vinculados, o, en otras palabras, prevean un triunfo arrasador del candidato nacional al que se encuentran políticamente enfrentados.

    Las provincias de Catamarca, Tucumán, Entre Ríos, Córdoba, Río Negro, Tierra del Fuego, Santa Fe y Capital Federal ya han resuelto el desdoblamiento electoral y se prevé la posibilidad de algunas más.

    Cualquiera sea la razón, los desdoblamientos permiten un mejor debate sobre los problemas locales y una mejor selección de candidatos.
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