31 de julio 2003 - 00:00

Arrancó la campaña Kirchner en La Plata junto a Felipe Solá

"Es lógico que yo quiera que Felipe gane, porque siempre lo acompañé". Por sí sola, la frase justificó -para el anfitrión- la visita que ayer Néstor Kirchner hizo a La Plata con agenda oficial pero, a pesar de las quejas presidenciales sobre las críticas a su « campaña permanente», con tono y ritmo electoral. «Ha hecho un gran gobierno» elogió Kirchner a Solá, de quien exaltó que «es una persona con principios progresistas».

Con eso, tras algunos tironeos, Kirchner desempolvó su más férreo gesto de apoyo político hacia Solá desde que asumió en Olivos. A la misma hora y a unos pocos kilómetros, como contracara de esa cumbre que cierta vez se perfiló como eje de poder antiduhaldista, Eduardo Duhalde se mostraba junto a Daniel Scioli. (Ver aparte). Ajeno a ese detalle, más tarde, luego de un almuerzo con lomo al verdeo y papas al plomo, Solá despidió a Kirchner con un clásico regalo peronista, un facón. El Presidente, que conoce esa mística criolla, «pagó» el regalo con una moneda. «Te tendría que haber pagado con un Patacón viejo» bromeó.

Ninguno tuvo que abundar en el detalle del intercambio: los supersticiosos saben que el obsequio de una faca obliga a quien la recibe a un pago como retribución, si no, el regalo se convierte en la antesala de una batalla incruenta entre las partes.

• Enojo

Kirchner llegó en helicópteroa La Plata escoltado por el jefe de Gabinete Alberto Fernández, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, Ginés González García de Salud y su hermana Alicia -con rigurosas estampas floreadas- con la excusa formal de lanzar la etapa bonaerense del plan «El hambre más urgente».

Por eso, quejoso, Kirchner retomó una y otra vez el argumentode que su desembarco en La Plata no fue político ni electoral. «Vine por cuestiones de gestión, vine a trabajar con el amigo Felipe. No estoy, como dicen algunos, de campaña permanente» se enojó el sureño.

Esa fue la apertura de una colección de reproches a la prensa que pueden compilarse en un manual del kirchnerismo perfecto.
«No se puede pensar --dijoque cada actitud o acción que llevamos adelante responde a una preocupación electoral o que estamos de campaña permanente».

Y redobló su queja: « Terminemos con esto; claro que quiero que Solá sea gobernador y es lógico porque siempre me apoyo y siempre lo apoye».

En la misma línea, lanzó otra embestida. «Si yo no voy a un acto de grupos económicos o les digo algo que no les gusta me dicen que es una acto de falta de respeto, de irracionalidad; y si voy a un hospital abandonado dicen que es un acto de demagogia».

A su turno, más moderado, Solá había abierto una ronda de halagos. «Usted, amigo Néstor, hizo crecer la esperanza» dijo y juramentó que «siempre apoyará» al Presidente tanto «cuando tome medidas bien recibidas por todos» como «de las otras», las polémicas.

Kirchner
le respondió alabando la lucha que el gobernador emprendió contra la corrupción en la Policía Bonaerense. Esa fue la previa del otro shock verbal del Presidente.

«Muchos nos preguntan si tenemos o no un proyecto económico. Para algunos sectores hay proyecto económico si hacemos ortodoxamente lo que quieren los fondos concentrados de la economía o el FMI» se enojó y apuntó que esos « voceros» son quienes apoyaron el modelo «nefasto» de los '90.


«Esos son los que si planteamos que no estamos tan de acuerdo con ellos, nos dicen que no tenemos proyecto económico y que no saben en qué rumbo vamos»
redondeó.

Y negó, manoteando estadísticas,que la economía esté en retroceso.
«El mundo crece a un promedio de 1,8% y América latina a 1,6. La Argentina tiene la posibilidad de crecer de 4,5% a 5,5%, pero nos dicen que la economía se está enfriando cuando estamos creciendo cuatro veces más que el promedio de crecimiento en el mundo».

Un rato antes, Solá y Kirchner se internaron a solas en el despacho del gobernador. Esa intimidad, perduró aún cuando Teresa Solá invitó a la mesa y los rodeaban el gabinete bonaerense en pleno y los ministros nacionales. Por eso, durante el almuerzo, Alberto Fernández y «Juampi» Cafiero debatieron largo rato entre susurros. Para el postre, Solá guardó el otro gesto de gentileza con la familia presidencial. Cordial, antes del café -que al final nadie tomó porque tenían agenda prevista en Capital Federal-le alcanzó un regalo a la hermana Alicia: un libro de arte de Pablo Picasso. La ministra no inquirió sobre el significado del obsequio.

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