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Puede ser casual el asesinato del dueño de un restaurante en la Recoleta justo cuando el gobierno nacional relevó a Roberto Giacomino como jefe de la Policía Federal y aún no reformó la fuerza.
Y puede ser casualidad absoluta la complicidad de la Policía Bonaerense en secuestros extorsivos bajo una modalidad activa o bien tolerante.
Los paranoicos, por supuesto, dirán que nada de esto es casualidad.
Pero esta vez tienen compa-ñía: todo ocurre en el borde del diciembre que arrancó ayer, el mes en que se cumplen dos años de la masacre final de la administración De la Rúa y cuando comienzan los cuatro años restantes del mandato de Néstor Kirchner.
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