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Convencido de su designación, Bárbaro hizo varios reportajes por su nombramiento -cargo que en principio no pensaba aceptar porque él no quería un despacho sino que pretendía convertirse, como confesaba hace 72 horas, en un «gladiador mediático»- y se despachó críticamente contra la conducción del Comfer
Dijo, entre otras consideraciones, que ese instituto estaba dominado «por el amiguismo y la corrupción». Palabras que, obviamente, no sonaron demasiado bien en los oídos de Caterbetti, quien imaginaba un mejor trato de los hombres de Néstor Kirchner: finalmente, él fue el organizador de los congresos duhaldistas para sacar a Carlos Menem de la interna y, según mentas, tampoco ahorró esfuerzos (más bien los consumió) a favor de la campaña del santacruceño. O sea que, si bien no esperaba una atención preferente -como sucedió con el ahora ministro José Pampuro, quien llevó de segundo al mejor hombre de Carlos Ruckauf, Julián Domínguez-, al menos estimaba que lo tratarían con cuidado y no con amenazas de denuncias. Algo molesto, entonces, cuando Bárbaro intentó hacerse cargo del Comfer, Caterbetti le advirtió que él todavía no había sido notificado de su salida del gobierno. Así que lo despidió. Bárbaro evitó incidentes, se sabe que Caterbetti es un hombre irascible, y posiblemente se haga cargo en forma más tranquila en las próximas horas, cuando notifiquen del despido al hombre que presidió el «amiguismo y la corrupción». Y eso que Duhalde se fue del gobierno anticipando que no habían ocurrido episodios de esa índole en su administración.
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