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• Con su familia, fue a rezar hasta la imagen de la Virgen que está ubicada a pocos metros del recinto, a un costado de la entrada senatorial al Salón Azul. Luego, se recluyó en el Salón de Lectura, donde se realizaron las audiencias con testigos y la acusación, a la espera de que terminara la sesión secreta. Moliné pidió sentarse en el centro del recinto, tal cual hizo durante los alegatos, para presenciar la votación. Quería ver a los senadores en el momento de la sentencia. Pero le advirtieron que sólo podría ubicarse en un palco.
• • Acostumbrado a pelear en circunstancias adversas, el santacruceño Carlos Prades paseó por las adyacencias del recinto con la idea fija de convencer a los disidentes de su partido de que acompañaran la decisión de la escudería radical de rechazar la destitución. Probó con Falcó, pero su malestar todavía fresco con el resto de sus correligionarios pesó más que cualquier argumento jurídico.
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• Los peronistas trataron de mantenerse dentro del recinto. Hubo excepciones como el entrerriano Jorge Busti, quien utilizó el viejo recurso doméstico de llegar hasta su despacho usando la peluquería del Senado y así evitar contacto con los medios.
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