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24 de marzo 2008 - 00:00

Bergoglio sin mordaza: criticó desencuentro y política de drogas

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La embestida de Jorge Bergoglio comenzó el jueves cuando inauguró un centro de rehabilitación de adictos a las drogas. Hubo críticas a la política del gobierno de despenalización del consumo.
Demostración de fuerza de Jorge Bergoglio. A pesar de la alerta meteorológica, el jefe del Episcopado consiguió movilizar espontáneamente a unas cinco mil personas en el vía crucis porteño y luego, ya refugiado en los muros de la Catedral Metropolitana, advirtió sobre la «cultura del desencuentro» que afecta a los argentinos.

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El jesuita volvió a tener agenda completa en esta Pascua. No sólo volvió con las críticas metafóricas al estilo de gobierno agresivo y confrontativo del matrimonio presidencial, sino que aprovechó la tradicional ceremonia de lavado de pies para advertir a la Casa Rosada sobre el peligro de su política de despenalización de consumo de drogas para uso personal.

  • Desencuentro

  • El sábado por la noche, el cardenal encabezó la misa de la Vigilia Pascual en la Catedral Metropolitana donde alertó: «Nos hemos acostumbrado a vivir en la cultura del desencuentro, en la que nuestras pasiones, nuestras desorientaciones, enemistades y conflictos nos enfrentan,nos deshermanan, nos aíslan, nos cristalizan en ese individualismo estéril que se nos propone como camino de vida todos los días». Fue la primera homilía crítica de Bergoglio desde que Cristina de Kirchner asumió la presidencia. La audiencia que los obispos del Episcopado habían mantenido con la ex primera dama apenas tomó el poder marcó el inicio de una fugaz tregua que se esfumó cuando el Vaticano rechazó el placet de embajador ante la Santa Sede de Alberto Iribarne (por estar divorciado). Luego la escalada se disparó con la firma en el Congreso de un dictamen para regular los casos de aborto no punibles previstos en el Código Penal y la defensa de Aníbal Fernández ante la ONU de la despenalización del consumo de drogas para uso personal.

    El fin de semana, Bergoglio pareció haber entendido que el romance de Cristina de Kirchner con el Episcopado se había terminado y el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires retornó con las misas filosas y críticas que padeció Néstor Kirchner durante su presidencia. En una homilía que casi coincidió con el feriado del 24 de marzo, dispuesto por los Kirchner con motivo del aniversario del último golpe de Estado, Bergoglio pidió una vez más reconciliación, un reclamo que no figura en el diccionario kirchnerista. «El encuentro nos remansa, nos fortalece la identidad y nos reenvía; nos vuelve a poner en camino para que, de encuentro en encuentro, lleguemos al encuentro definitivo», pidió el jefe del Episcopado. Y agregó: «Así nos quiere la propuesta cultural del paganismo actual en el mundo y en nuestra ciudad: solos, quietos, al final de un camino de ilusión que se transforma en sepulcro, muertos en nuestra frustración y egoísmo estériles».

  • Inauguración

    Pero la primera embestida contra el gobierno de Cristina de Kirchner llegó el jueves pasado, cuando el purpurado se encargó de inaugurar personalmente un centro de rehabilitación para adictos a las drogas. El gobierno, pese a las críticas del titular de la Comisión de Pastoral Social, Jorge Casaretto, defendió en Viena ante la ONU un nuevo enfoque en materia de legislación sobre consumo de drogas y ya prepara un proyecto para modificar la Ley 23.737.

    Por eso Bergoglio se encargó de recordar que para la Iglesia Católica, la sociedad «anula a las víctimas de la droga y las hace sobrantes». La advertencia del cardenal tuvo lugar durante una misa crismal que ofició en la Iglesia Virgen de Luján, en la Villa 21-24 del barrio porteño de Parque Patricios, donde inauguró un centro de rehabilitación.

  • Efecto gravísimo

    «En los sectores menos pudientes, la droga de baja calidad tiene un efecto neurológico gravísimo», advirtió el cardenal, y llamó a todos los cristianos a «pedir por estos tratantes de esclavos, cuya condena será terrible, a que cambien su corazón», en alusión a los vendedores de drogas. «Antes hablábamos de opresores y oprimidos. Después, esas categorías no sirvieron más y hablamos de incluidos y excluidos.»

    «Hoy tenemos que hablar de otra categoría, los que caben y los que sobran. Entre ellos están las víctimas de la droga: la misma sociedad los anula y los hace sobrantes», alertó el jesuita.
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