Los quinchos de la semana, con feriados que la acortaron, fueron federales, con la vigila en la Casa Histórica de Tucumán como epicentro, que dejaron entre las fotos un encuentro cara a cara entre Milei y Victoria Villarruel. El Presidente tuvo una alucinación en el frío norteño, cuando se comparó sin ponerse colorado con el mismísimo José de San Martín. Su "gesta" económica sería el equivalente al cruce de Los Andes, según el propio Milei. "Él lo cree de verdad", decía, justificándolo, un hombre importante del Gobierno. Como sea, los discursos fueron conocidos, pero quedaron en el tintero numerosos datos de color.
Entre tanto, Adolfo Rodríguez Saá volvió al ruedo, y en el Litoral se dio una curiosa cita que unió al gobernador misionero, Hugo Passalacqua, con su par correntino, Gustavo Valdés. Si "El Adolfo" retrotrae los recuredos a inicios de este siglo, también lo hace la reaparición de Zulemita Menen, quien cenó con Patricia Bullrich.
En cuanto a las cenas, un CEO de una automotriz se reunió con empresarios y describió el lobby chino ante el gobierno de Lula para que se extendiera en Brasil el beneficio de ingreso sin aranceles de autopartes para ensamblar en el vecino país. En cuanto a la comidilla de la Rosada, la gestión del nuevo vocero Ravier empieza a tomar un color propio, que lo aleja del investigado Adorni.
Veamos.
La otra vigilia: el frío de Villarruel, el cerco a Campero y el posteo que hizo ruido
La vigilia del 8 de Julio en Tucumán dejó bastante más que la foto de Javier Milei rodeado de gobernadores. Hace exactamente un año, el Presidente había llegado a la Casa Histórica con apenas un puñado de mandatarios provinciales. Esta vez consiguió una postal muy distinta, en medio de las negociaciones por las reformas electoral y política que impulsa la Casa Rosada, con la eliminación de las PASO, las discusiones sobre las colectoras para 2027 y un nuevo mapa de alianzas en construcción. Pero mientras el Gobierno celebraba esa imagen, la interna libertaria también regaló varias escenas.
Javier Milei y Victoria Villarruel estuvieron casi cara a cara pero ni se miraron en la Vigilia de la Independencia, en Tucumán.
La primera ocurrió incluso antes del ingreso a la Casa Histórica. El protocolo indica que las autoridades no acceden por la puerta principal sino por el patio interno, donde se firma el libro de visitantes ilustres. Milei llegó primero. Victoria Villarruel arribó apenas unos instantes después. Sin embargo, una orden evitó que ambos compartieran siquiera ese espacio. Mientras el Presidente firmaba junto a otras autoridades, la vicepresidenta permaneció varios minutos sobre la vereda, con el portón cerrado y sin autorización para ingresar. Recién cuando Milei caminó hacia el Salón de la Jura, donde lo esperaba la foto con los gobernadores, le habilitaron el acceso. Durante esos minutos hubo quienes llegaron a preguntarse si directamente no la dejarían participar de la ceremonia.
El operativo continuó puertas adentro. Alguien decidió ubicar a Villarruel prácticamente frente al Presidente. Milei nunca la miró. Tampoco lo hizo el resto del gabinete. Ministros y funcionarios pasaban a centímetros, pero seguían de largo, como si la vicepresidenta no estuviera allí. El gesto más comentado fue el de Diego Santilli. Algunos imaginaban que el jede de Gabinete podía aprovechar para enviar alguna señal de convivencia institucional. Hizo exactamente lo contrario: giró el cuerpo para esquivar el saludo y siguió caminando. "Parece Messi, qué cintura", dijo un ministro. Villarruel, de todas maneras, aprovechó su visita norteña para desplegar una agenda propia, diferenciada de Milei, como la que desplegó en Ingenio La Florida, donde se mostró con el industrial Jorge Rocchia Ferro (quien días antes había cuestionado a Nación por la falta de gas). Defendió al empresariado local y la ley de biocombustible, condiderada estratégica por el sector sucroalcoholero. "¿Empieza a andar Victoria?", se preguntaban los locales. La vice ya camina con deseos de instalarse para el año que viene.
Villarruel, con industriales en Tucumán.
En paralelo, el entorno presidencial también jugó su propio partido. Los tres diputados nacionales libertarios tucumanos (Federico Pelli, Gerardo Huesen y Soledad Molinuevo) permanecieron prácticamente toda la noche moviéndose alrededor del Presidente, atentos a cada ingreso y cada desplazamiento. En la provincia daban por hecho que uno de los objetivos era impedir que Mariano Campero lograra acercarse a Milei. El diputado radical con peluca nunca consiguió romper ese cerco. Más de un testigo comparó la maniobra con un scrum de rugby para bloquear cualquier intento de aproximación, justo cuando empiezan a definirse los armados electorales de 2027.
Del otro lado, Osvaldo Jaldo aprovechó la fecha patria para enviar sus propias señales. Convocó a unos cincuenta comisionados comunales —casi la mitad de los que tiene Tucumán— y cada uno se llevó un poncho como recuerdo de la ceremonia. El gesto fue leído como un respaldo político hacia quienes integran buena parte del músculo territorial del peronismo tucumano y que, al mismo tiempo, aparecen en la mira de La Libertad Avanza, que propone eliminar las comunas por considerarlas parte de una estructura política sobredimensionada. También hubo lugares destacados para dirigentes de sindicatos con fuerte presencia provincial, como la UOCRA, la UTA y la UOM.
La última polémica llegó después del acto y por una vía inesperada. La senadora nacional por Salta Emilia Orozco publicó una historia de Instagram junto a "Tom", uno de los perros antiexplosivos de la Policía Federal, con una frase que no cayó nada bien en Tucumán: "No te encontrás con buena gente, pero sí con buenos perros. Capo Tom". La publicación desapareció horas después, pero ya había empezado a circular entre dirigentes locales. El malestar no quedó restringido a la oposición. Sucede que en su diálogo con los gobernadores, a quienes necesita cerca, la Casa Rosada silenció a los dirigentes propios con buenas perspectivas electorales, como es el caso de Orozco en Salta, principal candidata a suceder a Gustavo Sáenz, quien hace valer sus porotos en estas horas. También quedó desdibujado el local Lisandro Catalán, exministro del Interior de Milei, quien de paso recibió los dardos de Jaldo. "Cuál es la diferencia entre las colectoras nacionales y los acoples tucumanos", se preguntaba el gobernador peronista. Es que el tucumano Catalán suele cuestionar la "trampa electoral" de los acoples, cuando en esencia es lo mismo que ahora propone Milei para blindar una eventual reelección de la mano de los jefes provinciales.
Como fuera, incluso dentro de La Libertad Avanza tucumana hubo quienes consideraron que el comentario de la senadora fue tan innecesario como desubicado para una visita institucional durante los festejos por el Día de la Independencia. En una provincia donde el oficialismo nacional buscaba exhibir amplitud política, la historia de Instagram terminó haciendo más ruido del previsto.
"El Adolfo" se pone en marcha
"Si logro armar un equipo, voy a competir en 2027". Volvió Adolfo Rodríguez Saá. El histórico dirigente ya anunció que tiene ganas de jugar el año próximo. Su alianza con el gobernador de San Luis, Claudio Poggi, clave para la victoria del 2023, es polvo en el viento. La fractura quedó expuesta en mayo, cuando Rodríguez Saá dijo en las redes sociales que iría a la Villa de la Quebrada para pedirle al Cristo que "encontremos el camino en San Luis para que se aumenten los sueldos”.
La novela siguió con la decisión de Poggi de purgar su administración de funcionarios vinculados al expresidente, como parte de una reestructuración de ministerios. "Los dos pisos de la gobernación que ocupaba el adolfismo están vacíos", admiten voces de la política sanluiseña. El cacique le confía a su mesa chica que su objetivo es que ninguno de los hermanos Saá vuelva al poder.
Adolfo tiene otros planes. En los últimos días, el dirigente recorrió Justo Datract, Villa Mercedes, Covimer y Eva Perón 2. Entre liturgia justicialista y mates convidados, el exmandamás promete un regreso a los tiempos de "gloria" de sus administraciones al frente de la provincia. Por ahora, en los despachos oficiales puntanos admiten que Rodríguez Saá activó una ofensiva, pero no están inquietos. "Las nuevas generaciones no lo conocen", murmuran.
En cambio, sí buscan subir al ring a Alberto, el menor de los hermanos, a quien imaginan como un potencial rival del año próximo, cuando -se espera- Poggi buscará la reelección. Cuestiones de familia dirimidas en las urnas.
Lejos de la cerranías de San Luis, el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, recibió en tierra colorada a su vecino correntino Juan Pablo Valdés, con quien abordó una agenda común a ambos distritos, incluyendo la provisión de gas natural para el Norte Grande, el futuro de la Hidrovía y el curso de actividades como el turismo y la producción, entre otras. Además, participaron de la entrega de uniformes de gala a 91 cadetes de primer año del Liceo Naval Militar “Almirante Storni”.
No fue la única visita ilustre. La semana pasada, Karina Milei y Martín Menem habían desembarcado en Posadas para arengar a los suyos con miras al 2027, aunque sin contacto con la gestión local.
Por supuesto que el encuentro de jefes provinciales no estuvo exento de agasajos. Passalacqua le obsequió a su colega una estatua del prócer Andresito Guacurarí y un mate, dos símbolos provinciales y litoraleños.
Luego, Valdés partió raudo hacia Tucumán, adonde acompañó al presidente Javier Milei en la Vigilia por el 9 de Julio. El líder misionero, por el contrario, pegó el faltazo. Algunos aventuran que se trató de una muestra de autonomía; un signo de su malestar con el Gobierno nacional, en contraste con el acompañamiento que promueve el poderoso Carlos Rovira, hoy enfrentados en un duelo sin cuartel.
Passalacqua, Valdés y la estatua de Andresito Guacurarí.
El mandatario de Corrientes, en tanto, cumplirá en diciembre un año al frente del Ejecutivo, ya que fue electo en agosto del 2025. En campamentos de la UCR aprueban los primeros meses de su gestión. "Por ahora, marcha", dicen. Algunos se entusiasman con que su hermano, antecesor y actual senador provincial, Gustavo Valdés, compita por una banca en la Cámara alta. El dirigente ya se negó a buscar la presidencia radical. "Para decir algo y que cada uno haga lo que quiera...", se justificaba ante los suyos al declinar el convite.
Por estos días, el dirigente fue visto en un estadio norteamericano disfrutando de alguna sufrida victoria de la Selección argentina en el Mundial.
La cena que reunió a Patricia Bullrich y Zulemita Menem
Patricia Bullrich volvió a mostrar una postal de su costado más distendido con una cena entre amigas. La jefa del bloque libertario en el Senado compartió una mesa en Marcelo de Puerto Madero con Zulemita Menem, la conductora y productora Natalia De Negri, entre otras.
La propia Bullrich fue la encargada de publicar las fotos del encuentro con el mensaje "Hermosa noche con mujeres empoderadas". Horas más tarde, Zulemita replicó una de las imágenes en sus historias de Instagram.
La foto de Bullrich y Zulemita que hizo correr versiones en la política.
En Casa Rosada, la relación entre el universo libertario y el menemismo siempre despierta interés. Zulemita conserva diálogo con distintos dirigentes del oficialismo y su apellido mantiene un peso simbólico para Javier Milei, que además de integrar al clan a su Gabinete, en más de una oportunidad reivindicó las políticas de Carlos Menem.
Cerca de Bullrich insistieron en que se trató de una reunión social sin ninguna connotación política. Sin embargo, la imagen llegó en un momento en el que la dirigente gana centralidad dentro del oficialismo y cualquier gesto que involucre al círculo de los Menem termina alimentando conversaciones sobre el reacomodamiento del poder libertario.
La mesa donde todos hablaron de China
No hubo discursos ni presentaciones. Apenas una cena entre un grupo reducido de empresarios y uno de los principales CEOs de la industria automotriz. Pero buena parte de la conversación giró alrededor de un tema que hoy desvela a las terminales instaladas en la Argentina: el avance de los fabricantes chinos desde Brasil.
El ejecutivo repasó la decisión del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de extender por otros seis meses los beneficios para importar kits de vehículos eléctricos e híbridos con arancel cero, una medida que favorece especialmente a fabricantes como BYD y Great Wall Motors y que generó fuerte resistencia entre las terminales brasileñas. "Hoy no son fábricas, son armudirías, traen el vehículo desarmado y lo arman en Brasil, sin desarrollo de proveedores", dijo.
Según reconstruyeron quienes participaron de la charla, el mayor temor no pasa por el corto plazo. "Todavía no están exportando desde Brasil hacia la Argentina", aclaró el empresario para bajar la ansiedad. La preocupación aparece un escalón más adelante: que las automotrices chinas logren elevar el porcentaje de integración regional exigido para que un vehículo sea considerado Mercosur y pueda ingresar sin aranceles. Ese punto ya empezó a ocupar buena parte del lobby industrial en ambos lados de la frontera.
La conversación también derivó hacia la competitividad. El CEO destacó los avances del Gobierno nacional en la eliminación de impuestos distorsivos sobre la producción, aunque advirtió que el problema sigue vigente en provincias y municipios. Allí, dijo, las autopartistas continúan soportando una carga tributaria que al final de la cadena alcanza a las terminales. Según contó, existe un diálogo abierto con varios intendentes para revisar ese esquema y reducir costos a nivel local.
Sobre el final de la cena apareció una definición que encontró consenso entre los presentes. Nadie pidió cerrar el mercado ni levantar nuevas barreras. El reclamo fue otro: competir bajo las mismas reglas. "La discusión no es entre fabricar o importar. La discusión es competir en igualdad de condiciones", resumió el ejecutivo, convencido de que el verdadero desafío no llegará cuando desembarquen más marcas chinas, sino cuando lo hagan con ventajas regulatorias frente a quienes ya producen e invierten en la región.
Entre el Mundial y un reactor nuclear, Adrián Ravier ensayó una de las conferencias más largas de la era Milei
Mientras la atención de buena parte de la Casa Rosada estaba puesta en el Mundial, el vocero presidencial Adrián Ravier protagonizó el martes la conferencia una extensa conferencia de prensa. Fueron 46 minutos de exposición antes de habilitar las preguntas de los periodistas, una dinámica que dejó a varios mirando de reojo el reloj y el inicio del partido de la Selección contra Egipto.
En ese extenso repaso, Ravier no solo defendió la marcha del plan económico, sino que también se tomó varios minutos para explicar el funcionamiento de los reactores modulares nucleares, en el marco de un anuncio de inversión. La disertación sorprendió incluso a los habitués de la sala de conferencias, poco acostumbrados a una explicación técnica de ese nivel en una conferencia de prensa.
Pero el momento que más comentarios generó llegó cuando el vocero dejó de lado el discurso más optimista y reconoció que la recuperación todavía no alcanza a todos los sectores. "Yo también escucho en mi entorno que hay personas que no están bien", admitió, en una frase que contrastó con el tono habitual y que llegó apenas minutos después de otra declaración que también había despertado repercusiones, cuando afirmó que "solo en tres gobiernos se construyeron centrales nucleares: con Perón, Onganía y Kirchner".
La conferencia volvió a mostrar el estilo que Ravier intenta imprimirle a la vocería. Más académico que político, con largas introducciones y explicaciones conceptuales, el economista apuesta a desarrollar cada tema en profundidad. El desafío, sin embargo, es otro. En Casa Rosada ya empiezan a admitir que, con el Mundial disputándole atención a la agenda oficial, sostener exposiciones de casi una hora puede convertirse en un lujo difícil de mantener.