Se pelearon por él en Ezeiza. Y después de muerto por quién cargaba el féretro que contenía sus restos. Hasta hubo tiros y trompadas en el mausoleo de San Vicente donde, supuestamente, iba a descansar en paz. Y mucho antes de los funerales póstumos, una morbosa disputa para extraerle un pedazo de fémur y realizar un estudio de ADN que terminará para siempre el litigio entre la viuda Isabel y Martha Holgado, una mujer que se dice su descendiente. Ahora, se pelean por el féretro que durante 32 años acunó sus restos. Aquel que fue forzado por extraños que amputaron sus manos y las hicieron desaparecer. Perón, siempre Perón. O, como diría Jorge Luis Borges, los peronistas incorregibles.
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El run-run sobre el inminente traslado del viejo féretro de Perón a Madrid por un pedido expreso de María Estela Martínez desató la batalla sobre el destino final del preciado ataúd.
Los féretros presidenciales siempre han sido motivos de disputa. Ocurrió con John F. Kennedy, lo cual demuestra que la necrofilia no es un atributo exclusivo del peronismo. ¿Otro mito que se cae?
El destino del féretro que transportó el cadáver de JFK desde Dallas hasta el Hospital Naval de Bethesda, donde se le practicó la autopsia oficial, ha sido motivo de intensas y polémicas investigaciones, además de los tironeos políticos para dar una «historia oficial».
Cambio de ataúd
La controversia se gestó porque cuando el cuerpo de Kennedy dejó Dallas lo hizo en un lujoso ataúd de la funeraria O'Neal, el más caro de la gama. Se trata de un enorme ataúd de bronce con interior de seda considerado el no-va-más de los ataúdes. Varios testigos declararon en 1978 que cuando el cuerpo del presidente llegó a Bethesda, lo hizo en un sencillo féretro de marinero de color gris como los que se utilizaban para devolver los cuerpos de los muertos en Vietnam.
Los investigadores sostienen que la discrepancia de ataúdes podría indicar que entre Dallas y Bethesda el cuerpo de Kennedy fue sacado del féretro de bronce probablemente para ser manipulado (según se especula, en esa maniobra pudo efectuarse una alteración de la herida de la cabeza, agrandándola para así ocultar un posible disparo frontal).
Lo cierto es que el féretro de bronce no se encuentra en el lugar en el que se suponía debía estar: en el edificio de Archivos Nacionales de los EE.UU. en Washington, sino que fue arrojado al océano Atlántico por un avión militar y en un lugar secreto por expreso deseo del entonces senador por Nueva York y hermano del difunto presidente, Robert Kennedy.
Para justificar esa decisión se adujeron varios motivos: desde el deseo de evitar que la especulación mórbida hiciera del ataúd un objeto de culto hasta consideraciones sobre los gustos marítimos de JFK.
En el caso de Perón no están claros los motivos que moverían a «Isabelita» a pedir que el viejo féretro «doble cabeza presidencial» tenga como destino final Europa. El transporte de este tipo de material, además de oneroso, reclama un embalaje especial para preservar su estado.
La versión la lanzó ayer Martha Holgado por radio e inmediatamente preocupó a los peronólogos.
Promesa
La noticia desconcertó a Hugo Moyano, hasta ese momento sólo preocupado en evitar que el gastronómico Luis Barrionuevo se quedara con la conducción de la central sindical. Sucede que «la Chabela» le había prometido al camionero que una vez efectuado el traslado de Perón a San Vicente, el viejo ataúd quedaría en el museo de la CGT junto a otros símbolos que representan la lucha gremial.
Que la viuda de Perón haya modificado su primigenia promesa era para Moyano otra golpe atroz en la aventura que emprendió por recuperar al General. Sin embargo, hasta anoche el viejo ataúd era resguardado bajo extremas medidas de seguridad en la Cochería Paraná. Su directivo, Daniel Carunchio, negó que esté acondicionando el féretro para un supuesto viaje fuera de las fronteras del país.
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