El ministro de Defensa, José Pampuro, al menos ha tratado de cumplir con sus promesas. Claro, en forma devaluada, pero cumplidor al fin. Como se sabe, cuando se afirmó su ascenso a ministro del área, lo primero que realizó fue llamar a un general y a un almirante y prometerles a uno la jefatura del Ejército y al otro la jefatura del Estado Mayor.
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Los elegidos, entonces, eran el general Hang y el almirante Carbone. Pero a lo que aspiraba Pampuro no era, precisamente, lo que pensaba Néstor Kirchner y, sin preguntarle siquiera a su funcionario, pasó a retiro a los dos militares. Casi un abortivo para dos nonatos. Pero Pampuro se recuperó y, desde Defensa, consiguió un premio consuelo para sus dos privilegiados: uno ya es su asesor (Hang) y el otro, Carbone, ha sido designado en Edcadassa para ocupar la silla que le corresponde a la cartera. El poder sirve. Informate más
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