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9 de junio 2006 - 00:00

Cotiza mejor el PJ con Lavagna lanzado

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Néstor Kirchner mandó a sus operadores a reactivar armados que había archivado hasta fin de año. Jorge Telerman se convirtió, en un pestañeo, en un dirigente «tironeado» por dos bloques antagónicos. Y hasta Felipe Solá dejó que su entorno alumbre una aventura reeleccionista.

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Los tres episodios ocurrieron en las últimas 96 horas, luego de que Roberto Lavagna publicite su pirueta política más ruidosa desde que trepó una semana atrás a la marquesina de los candidatos: se reunió con diputados del ex duhaldismo y la cúpula de la UCR.

El fenómeno, que se advierte en el vasto continente del peronismo, es inocultable: la irrupción del ex ministro inyectó a la escena un factor de motivación que parecía atrofiado con Kirchner como potencial reelecto y, además, actor casi exclusivo de la novela del PJ.

Ese efecto se produjo tanto en las múltiples variantes del peronismo opositor -que comparte oficinas en Diputados, en el bloque Justicialismo Nacional- como en el kirchnerismo. Y, sobre todo, revolucionó a la franja del PJ que busca un lugar en el mundo.

«Lavagna nos levantó la cotización a todos», se confesó un dirigente del Frente para la Victoria de Buenos Aires con despacho en el Congreso, pero trasmitió una sensación general: con la aparición de Lavagna, todos los actores -aun los marginales- se vuelven necesarios.

Es sintomático el caso Telerman. Hasta 10 días atrás, el jefe del kirchnerismo en la Capital Federal, Alberto Fernández, patrocinaba el destrato al jefe de Gobierno que, en más de una ocasión, ejecutó el propio Kirchner.

Pero bastó que trascienda la versión de un enlace entre Telerman y Lavagna -¿existió un sondeo a través del lavagnista Alberto Coto?-, para que la Casa Rosada reactive las conexiones con el ex embajador en Cuba, que por lo pronto juramenta su alineamiento con Kirchner.

Es el caso más obvio, pero no el único. ¿ Puede ocurrir algo similar con Solá? ¿Es casual, que horas atrás, un funcionario de trato diario con el gobernador, el vicejefe de Gabinete, Emilio Pérsico, haya hecho pública una propuesta de reelección del bonaerense?

«Estamos otra vez en la cancha», se descargó otro, que no porta un solo gramo de antikirchnerismo. Es cierto: por varias vías, Kirchner ordenó a sus operadores que desempolven y pongan en marcha la maquinaria política que había archivado tras «la plaza del sí».

De inmediato, Carlos Zannini y Julio De Vido, con intervenciones de Alicia Kirchner -y José López como mensajero, aunque no acotado a dirigentes sino también ante empresarios-, salieron a marcar la cancha, a veces para reafirmar lealtades; en otras para detectar rebeldías.

Se palpa en el Congreso. Legisladores de todo rango y color, sobre todos los «kelpers» -los de provincias opositoras- decodificaron la aparición de Lavagna como un milagro porque, siquiera en el imaginario, los convierte en objetivos a tentar por el bloque anti-K.

Mauricio Macri nunca despertó la curiosidad y expectativa -o temor- que produce el ex ministro. Con la amenaza de Lavagna confían, al menos, en lograr que se haga menos humillante el destrato al que son sometidos.

Posiblemente ningún kirchnerista se mude al lavagnismo, como tampoco lo haga nadie del Peronismo Federal de José María Díaz Bancalari, pero al aparecer la opción del ex ministro les amanece un plan B que hasta ahora no les ofrecía ni Macri, ni Carlos Menem, ni Adolfo Rodríguez Saá.

  • Ilusiones

    Hay pruebas tangibles. En el bloque Justicialismo Nacional que preside Jorge Sarghini, salvo los adolfistas, todos los otros asociados se ilusionan con una gran costura que los unifique y, en voz muy baja, admiten que por hoy el mejor posicionado es Lavagna.

    Se confesó, ayer, Adrián Menem. «Está muy bien la postulación del ex ministro -aseguró, por radio, el diputado- pero lo ideal sería confluir todos detrás de una sola candidatura

    Hasta un aliado histórico de Rodríguez Saá, el sanjuanino Roberto Basualdo, se paró al lado del ex titular de Hacienda. «Yo necesito un candidato que me sume contra Gioja. Y para mí el candidato sería Adolfo, pero ahora el que más me aportaría sería Lavagna.»

    Pero el dato más relevador es otro. «Entre Kirchner y Lavagna, prefiero a Kirchner», tomó posición Rodríguez Saá, recién llegado de Europa y aterrizado en el temblor que generó el ex ministro a quien considera el candidato «de Alfonsín, Duhalde y los empresarios devaluadores».

    Más allá de la enemistad manifiesta con los bonaerenses (a Luis Lusquiños le facturan que pactó la unión de bloques con Juan José Alvarez, a quien atribuyen un rol central en la salida anticipada del punto de la presidencia en 2001), Rodríguez Saá interpreta que «el peronismo es Kirchner».

    Al desmalezar esas palabras se llega a otro interrogante. ¿ Lavagna, que se declara justicialista y sumó apoyos en el PJ, obligará a Kirchner a normalizar el PJ para contener a sectores como el adolfismo o otros sectores díscolos? Nada puede descartarse.

    Por lo pronto, y más allá de su postura frente a la postulación de Lavagna, en pocos días, Rodríguez Saá volverá a compartir escenario con Ramón Puerta, Eduardo Camaño y Jorge Sarghini, como hizo semanas atrás, cuando en bloque reclamaron que se convoque a internas en el partido.
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